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2019-08-26 | 
Mensaje a la Comunidad de Santa María Reina
Buenos Aires, 22 de agosto de 2019
Queridos P. Ángel Zacarías, párroco, y Comunidad parroquial de María Reina:

Como no puedo acompañarlos personalmente por razones de salud, que voy superando gracias a Dios y a la oración de todos ustedes, comparto la alegría de la fiesta patronal saludando con afecto al P. Ángel, al P. José Billordo, quien generosamente me reemplaza en mi ausencia, y a todos ustedes que se congregaron para celebrar con amor y devoción a María Reina, bajo cuya protección está esa nuestra querida comunidad parroquial.

María es reina, porque antes fue servidora. Y es reina en tanto en cuando continúa siendo servidora. Este merecido título que lleva la Madre de Jesús, nada tiene que ver con una reina a la que se admira por la belleza exterior, o por el poder que tiene. Ella es reina porque descubrió en la Palabra de Dios, la que ella meditaba en su corazón (cf. Lc 2,19), como nos asegura el evangelista San Lucas, que Dios, el todopoderoso y omnipotente es tal porque no tuvo reparos en ponerse el delantal y lavar los pies a sus discípulos. El poder de Dios se revela como servicio y misericordia. Por eso, María, cuando escucha la voz del Ángel, responde convencida y serena: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1,38). Y ella persevera fiel en el servicio en medio de muchos sufrimientos e incomprensiones.

¡Qué afortunados somos nosotros por el don de la fe que nos da a conocer tantas cosas de Dios! Hoy es un día para agradecer y para alabar a Dios por medio de su Madre, María Reina. Su deseo más íntimo es que también nosotros conozcamos más a Dios y lo amemos con todo nuestro corazón. María no quiere que nos quedemos mirándola a ella, sino que dejemos que ella nos tome de la mano y nos lleve al encuentro de su Hijo Jesús. Porque nadie sabe mejor que ella donde y con quién podemos aprender a ser verdaderos servidores y no ser de aquellos que esperan ser servidos.

El que sirve desinteresadamente a los demás se parece a Dios y a María Reina. En sus palabras y en sus gestos se refleja la imagen y semejanza de Dios. ¡Cuánta necesidad tiene nuestra sociedad de hombres y mujeres bautizados que sean misioneros del servicio; cercanos a los que sufren; dispuestos siempre a crear lazos de amistad y no discriminar a nadie! Los que obran así se hacen cada vez más parecidos a Dios, porque Él es así, y Él fue quien los creó a su imagen y semejanza.

Que María Reina los proteja de todos los peligros y nos enseñe, como lo hizo con su Hijo Jesús, a hacer la voluntad del Padre, que no es otra que amarlo a Él y ponernos al servicio de nuestro prójimo, especialmente a los más pobres y necesitados. Rezo por todos ustedes y les pido que también ustedes lo sigan haciendo por su obispo.

Los abrazo y bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y espero estar pronto con ustedes.

†Andrés Stanovnik OFMCap
Arzobispo de Corrientes

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