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JUBILEO ARQUIDIOCESANO

Monseñor Stanovnik: la alegría en Cristo nos desborda llevándonos a ser mejores cristianos y ciudadanos

El Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, reflexionó sobre el Jubileo que se iniciará el próximo miércoles 3 de febrero, fecha en que recordamos y celebramos los 100 años de la creación de la Diócesis, expresando que constituye un tiempo de “profunda y verdadera alegría, por sabernos amados por el Señor”.
De allí viene la palabra jubileo que significa júbilo, gozo, fiesta. Es la verdadera alegría que nace de sentirnos amados por Dios y de poder celebrarlo en el tiempo. Ya antes de Cristo los pensadores distinguían la verdadera de la falsa alegría. También nosotros, por propia experiencia, podemos distinguirlas. La verdadera alegría tiene raíces hondas y se conoce porque permanece; en cambio, la falsa alegría es superficial, produce impactos y después no deja nada, cuando desaparece deja una extraña sensación de vacío. Es una alegría mentirosa. En cambio la otra va junto con la verdad y, además, produce paz y lleva al encuentro con los demás. El jubileo se relaciona íntimamente con esta alegría, con la verdadera. Entonces, preguntémonos qué es la verdad, esa que produce la verdadera alegría en el ser humano, invitó a pensar el Arzobispo.
“Para nosotros, para el creyente, -contestó- la verdad es que Dios se acercó a nosotros. Y la iniciativa de este acercamiento partió de él y se llama Jesús. Se acercó tanto que se hizo uno de nosotros. Descubrir esto provoca la alegría más honda que puede experimentar el ser humano”.
“La alegría verdadera se descubre, no se compra, no se puede fabricar. Los seres humanos no podemos “hacer” nada para estar alegres si no lo recibimos, si no nos encontramos con esa alegría que llamamos Cristo. Con él la vida y las cosas cobran sentido”.
“La alegría jubilar es Cristo. Queremos vivir esta alegría en nuestra Iglesia, celebrando los 100 años que venimos transitando como Iglesia diocesana. Con el Jubileo estamos llamados entonces a alegrarnos en el Señor”.
“La celebración central es por ello la Eucaristía. En ella, Jesús presente y vivo nos habla y se nos entrega en su cuerpo y en su sangre. Se hace parte de nosotros y nos llama a ser parte de él. La Eucaristía tiene que llevarnos –como toda verdadera fiesta- a encontrarnos más entre nosotros. El encuentro es verdadero cuando lo vivimos con espíritu cordial,, con animo de acercarnos y de perdonarnos, de ser justos y de reconciliarnos. Así la alegría será en el Señor”.
“Por eso el Jubileo, vivido en la verdadera alegría, lleva al perdón y a la reconciliación”.
El Arzobispo resaltó por último que el Jubileo es misión, porque “esta experiencia de renovación interior, de encuentro más profundo con el Señor y con los hermanos, no se la puede guardar; el amor cuando es en serio desborda. Dios es amor porque se desbordó hacia fuera, hacia nosotros, no en palabras, sino en hechos concretos: Jesucristo”.
“Corrientes nació bajo el signo del amor de Dios. Por eso, contemplando la Cruz de los Milagros nos damos cuenta para qué estamos, para qué vivimos, de dónde vinimos y hacia donde vamos. Salimos del amor, caminamos en el amor, y vamos hacia el encuentro con El. Llevamos 100 años en este camino”.
“Esta celebración nos lleva a reflexionar, a redescubrir los signos que el Señor nos regaló en Corrientes: la Santísima Cruz de los Milagros y la Virgen de Itatí; y así buscar ser mejores cristianos y mejores ciudadanos”.

Indulgencia Plenaria
Monseñor Stanovnik adelantó, finalmente, que para el 3 de febrero el Santo Padre concede, por un decreto, la gracia de la Indulgencia Plenaria.
“Los que participen de la misa –en forma presente o a través de los medios de comunicación que la transmitirán en directo- pueden obtener la Indulgencia Plenaria de sus pecados”. Además –aclaró- que la indulgencia se podrá obtener también durante el año y que la información sobre los lugares y las condiciones se comunicarán en las parroquias y en la página web del arzobispado.
“La indulgencia no es lo mismo que la Confesión, sino algo más –aclaró el Pastor-. Cuando uno ofende al otro puede restablecer la relación reconociendo el error, pidiendo perdón, pero más allá de esa reconciliación queda la herida, la pena del mal cometido. La culpa se perdona cuando se pide perdón, pero la pena queda, como una disminución en la capacidad de amar y hay que hacer un camino penitencial para recuperarse”.
“La indulgencia es ese perdón de Dios de que nos ayuda a recuperarnos. Es un regalo del desborde de amor de Dios hacia nosotros, para que amemos como él nos ama”.
“Vale la pena entonces acogerse a este regalo que el Señor nos hace, y que puede obtenerlo cada uno para sí mismo y también para nuestros familiares y amigos difuntos”.

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