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MONSEÑOR STANOVNIK EN LA MISA CRISMAL
"El sacerdote es un hombre atado definitivamente a Cristo y entregado enteramente a los hermanos"
Se desarrolló con el templo colmado de fieles la santa Misa Crismal, del Miércoles Santo, en la Iglesia Catedral "Nuestra Señora del Rosario".
Monseñor Andres Stanovnik presidió la celebración, acompañado por todo el presbiterio de la Arquidiócesis, ya que en esta Misa los sacerdotes realizan la renovación de sus promesas sacerdotales.
"Estamos celebrando esta Misa Crismal en el Año del Sacerdocio y en el marco del Centenario de la creación de nuestra diócesis. El Año sacerdotal es una buena ocasión para renovar la unción sacramental que recibimos con el orden sagrado. En él, Cristo salió a nuestro encuentro de un modo único, nos eligió y nos tomó para una misión, que es mucho más que cumplir algunas funciones religiosas: es una misión que compromete nuestra vida toda entera. Por la radicalidad propia que tiene la vocación sacerdotal, Cristo nos hace participar de su amistad en un nivel de intimidad muy especial. El Santo Padre Benedicto XVI, a propósito de esto, decía, “solo si está enamorado de Cristo, el sacerdote podrá enseñar a todos esta unión, esta amistad íntima con el divino Maestro, podrá tocar los corazones de la gente y abrirlos al amor misericordioso del Señor” . Y en Aparecida se dijo que: “sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia”, comenzó diciendo el Pastor de Corrientes en su Homilía.
"Esta Misa, llamada “crismal”, -explicó luego- que celebra el obispo con su presbiterio, es una manifestación de la comunión de los presbíteros con su obispo, y también de la misión que juntos tenemos en la Iglesia. En esta Misa el obispo consagra el santo crisma, con el que serán ungidos los recién bautizados, serán marcados los confirmados y se ungirán las manos de los presbíteros. Con el óleo de los catecúmenos, éstos se preparan y disponen para el Bautismo. Y con el óleo de los enfermos, éstos reciben el alivio en su debilidad. Queridos sacerdotes, pensemos un momento en nuestra condición de hombres ungidos, hombres cuyas manos fueron untadas con el santo crisma para la tarea de abrir el corazón del hombre y llenarlo de la presencia de Dios".
"El sacerdote es un hombre ungido por Dios" remarcó después y agregó "un hombre ungido significa que ha sido dedicado, consagrado, o con palabras más gráficas: alguien que ha sido “atado”, amarrado totalmente a una misión. Así nos acercamos mejor al significado verdadero de la unción sacerdotal: el hombre ungido por Dios es aquel que ha sido consagrado enteramente a su servicio".
"Es Cristo quien nos atrae y despierta en nosotros el anhelo de consagrarnos totalmente a él, porque él se “consagró” totalmente a nosotros. En él encontramos luz para nuestra vida y por eso le pedimos que nos ilumine con su Espíritu…, para abrazarnos a su cruz y vivir en su amistad. Nosotros somos su pueblo ungido y sacerdotal, definitivamente “atado” a Dios. Ahora bien, de este pueblo el Señor elige, llama y unge a algunos hombres para consagrarlos enteramente al servicio de su Cuerpo que es la Iglesia".
"Cuando Dios unge a un hombre para el sacerdocio ministerial, quiere decir que se ha apoderado de él, lo ha sellado y atado para siempre a su misión. Ese hombre, ungido por Dios, es ahora apoderado suyo, es decir que tiene poderes otorgados por él, para representarlo y proceder en su nombre. No vive para sí: “por ustedes” es la fórmula eucarística que marca definitivamente su entrega. Su existencia es esencialmente hablando una existencia en relación. No es posible comprenderlo si no es en esa íntima relación de hombre ungido, es decir “atado” definitivamente a Cristo y “entregado” enteramente a los hermanos. Aquí está el fundamento sobre el cual el presbítero desempeña su ministerio inserto en una fraternidad presbiteral y en comunión jerárquica con su propio Obispo, de tal modo que se manifieste cada vez más la radical forma comunitaria de su tarea sacerdotal y sea ejercida efectivamente como una tarea colectiva, nos decía el venerado Papa Juan Pablo II" remarcó Monseñor Stanovnik .
El Arzobispo leyo luego un extracto de una Carta Pastoral del primer obispo de nuestra diócesis, Monseñor Luis María Niella, en las que decía, entre otras cosas que "el sacerdote sacerdotalia tractat (se ocupa de las cosas que corresponden al sacerdote) (…) Desde el alba (…) hasta el ocaso (…) y aun en la noche el Omnipotente absorbe nuestra vida de tal suerte que, cumpliendo nuestros deberes, no nos queda tiempo para negocios y afanes seculares. “Nada contra Dios, nada sin Dios, nada sino Dios”: he ahí nuestro ideal"
Tambien resaltó los escritos que en este Año Sacerdotal Monseñor Domingo Castagna ofrece mes a mes "con pluma de maestro y sabiduría evangélica muestra cómo esos hombres dejaron que la gracia de Dios los toque y cómo, al entregarse a ella enteramente, llegaron hasta el corazón de la gente no con la fuerza de sus propios dones humanos, sino comunicándoles esa íntima amistad con Cristo que ellos vivían intensamente. En nombre del presbiterio y del mío propio, deseo expresarte, Domingo, querido hermano en el episcopado, nuestra gratitud por tu presencia en medio nuestro y por tus valiosas aportaciones que enriquecen nuestra vida y ministerio".
Finalizando su Homilía monseñor Stanovnik destaco que "queremos valorar a nuestros sacerdotes no sólo por lo que hacen sino, sobre todo, por lo que son. Ante la presentación intencionalmente deformada que los grandes medios hacen de la vida y del ministerio sacerdotal, es importante saber que la inmensa mayoría de los sacerdotes son personas que viven dignamente su vocación y misión; que son hombres de oración y dedicados generosamente a su ministerio en muchas ocasiones con grandes sacrificios personales, pero siempre con un amor auténtico a Jesucristo, a la Iglesia y al pueblo, solidarios con quienes más sufren" .
LEER TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA
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