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VIGILIA PASCUAL

Monseñor Stanovnik. Hoy sentimos la alegría del paso de Dios que nos renueva y nos acerca más a él

El Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, presidió la Solemne Vigilia Pascual en la Iglesia Catedral "Nuestra Señora del Rosario".
"La noche del pecado y de la muerte no nos permitía ver, no nos dejaba respirar, nos mantenía alejados y aislados unos de otros. En cambio ahora, la larga noche de humanidad se iluminó con el gozoso anuncio de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. La verdadera luz brilló e hizo retroceder las tinieblas" expresó gozozo monseñor al comenzar su Homilía.
"La vida, la libertad, el amor son señales que Dios deja a su paso. Por donde él pasa deja vida. Ésa es la memoria viva de la Iglesia, memoria que ella predica, celebra y vive en esperanza hasta llegar al encuentro definitivo con el Resucitado"
"Cristo resucitado es nuestra esperanza para esta vida y para la vida eterna -dijo luego-. Se trata de la vida nueva en él, por él y con él, como decimos al final de la plegaria eucarística. Por eso, esta noche los que hemos renacido a una vida nueva en Cristo, vamos a renovar las promesas bautismales y cuando nos pregunten si creemos en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna, todos responderemos con firmeza y convicción: Sí, creemos. Creemos que por el bautismo fuimos engendrados a la vida nueva de los Hijos de Dios. Por donde Dios pasa lo deja todo nuevo. Y hoy sentimos la alegría del paso de Dios que nos renueva y nos acerca más a él".
"Esa vida nueva toca toda nuestra existencia, la sana, la fortalece y la hace más humana. Vida en Cristo que nos hace participar ya ahora en la vida de amor de la Trinidad, vida que llegará a su plenitud en la resurrección final. Es vida divina que vivimos en nuestra frágil condición humana, como pecadores reconciliados, llamados a ser discípulos de Jesús para comunicar a todos que ser amados por Dios nos llena de paz y compromete toda nuestra existencia a la tarea de construir en nuestras familias y en la sociedad una cultura de la vida".

Rostros que nos interpelan
El Pastor de Corrientes expresó describió luego los "rostros sufrientes en nuestra sociedad que interpelan una respuesta de amor y de vida, sobre todo de parte de los que creemos en la vitalidad de la resurrección de Cristo: rostros de niños en situación de calle y sin escuela; cuerpos desnutridos de criaturas en situación de abandono; niños, adolescentes y jóvenes enfermos por diversas adicciones, muchos de ellos arrastrados a la violencia y al delito, sin estudio y sin trabajo; rostros de hombres y mujeres con la pobreza pegada a la piel, como una maldición heredada y una fatalidad que a su vez dejan como herencia. Son rostros en los que Cristo continúa padeciendo y esperando que la radicalidad del amor cristiano se manifieste en gestos de cercanía y de amistad; de gente que se sienta querida, escuchada y acompañada"
"El que es amigo de Jesús vive la vida nueva en él y procura reflejarla en actos de amor solidario; está siempre dispuesto a dialogar y a encontrarse con todos; no se aísla ni se cierra en sus propios negocios; es sensible, diligente y se preocupa de aliviar y dignificar la vida de aquellos a quienes siempre les toca sufrir más. Cuando el ser humano se abre a Dios, el encuentro con él lo hace más hombre y más fraterno con sus semejantes. En cambio, cuanto más lejos se está de Dios, más escalones se desciende en humanidad".
"El amor de Dios nos hizo con vocación de llegar a ser una verdadera familia humana", dijo y agregó "¡Dichoso el pueblo que nació al pie de una cruz, a orillas del Paraná, hace más de cuatro siglos! Ese pueblo nació con vocación de familia; pueblo bañado por la sangre amorosa de Jesucristo, que ahora resucitado y peregrino camina con nosotros hacia el encuentro definitivo con Dios".

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