ARCHIVO > PRENSA > NOTICIAS

La Iglesia apunta a mejorar el clima social

Los casi 70 tedeums con que la Iglesia celebrará en cada diócesis del país el bicentenario de la patria el 25 de mayo -la presidenta Cristina Kirchner concurrirá al de la basílica de Luján- no impedirán a los obispos unificar su mensaje para reclamar un mejor clima social y pedir, como una necesidad urgente, asumir el desafío de erradicar la pobreza.

Ambas preocupaciones forman parte de las directrices que se consensuaron en la 99a. asamblea plenaria del Episcopado, que concluyó el sábado en Pilar, presidida por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio.

A lo largo de la semana de deliberaciones, que finalizaron en el más absoluto hermetismo -sin ninguna declaración de cierre ni contacto con la prensa-, los obispos advirtieron que ante la multiplicidad de oficios religiosos previstos para el 25 de Mayo, se corre el riesgo de que el mensaje de la Iglesia quede diluido en una variedad infinita de reflexiones aisladas.

Por eso, acordaron algunas orientaciones centrales para que los obispos unificaran su mensaje.

Entre esas ideas fuerza -o bajadas de línea, según interpretaron algunos observadores-, los obispos recomendaron hacer hincapié en el fomento de un clima social que contraste con el estado de confrontación permanente y el ánimo de crispación que se advierte en el país, como graficó el cardenal Bergoglio en su homilía del último Jueves Santo.

La necesidad de unificar el contenido de los mensajes en las celebraciones del tedeum se da en momentos en que el país enfrenta un clima de tensión, por el fuerte conflicto del Gobierno con la oposición y por la ofensiva de organizaciones kirchneristas para promover una condena pública al periodismo y a sectores independientes. En marzo pasado, una declaración de la comisión permanente del Episcopado había advertido que el deficiente funcionamiento de las instituciones "produce un alto costo social".

También la Iglesia pedirá en los púlpitos de todas las catedrales del país que la erradicación de la pobreza sea considerada una prioridad nacional, así como también procurar el desarrollo integral de los argentinos y resaltar las raíces cristianas de la patria.

Enfrentar la exclusión
La apremiante necesidad de promover la inclusión social será, también, uno de los pilares del Manifiesto de la Esperanza, que el Departamento de Laicos del Episcopado prepara para proclamar el sábado 8 de mayo en la celebración central del Bicentenario, que la Iglesia hará en la basílica de Luján, dos semanas antes del tedeum.

"El desafío de la inclusión social se traduce en la necesidad de evitar que la pobreza se transforme en algo habitual. Para la Iglesia, siempre será un escándalo", explicó al diario La Nación el director ejecutivo del Departamento de Laicos, Justo Carbajales, que el viernes expuso ante los obispos cómo será la celebración del 8 de mayo.

En la asamblea que concluyó el sábado, los obispos alentaron a la Comisión de Justicia y Paz, que dirige el laico Eduardo Serantes, con el asesoramiento de monseñor Jorge Casaretto, a "seguir trabajando en el camino del diálogo y la búsqueda de consensos".

Pese al frustrado intento de consensuar con organizaciones empresariales, sindicales y sociales un documento sobre la pobreza, el Episcopado dio el visto bueno al organismo para avanzar en el estudio de propuestas que tiendan a erradicar la pobreza y la exclusión social.

"Lo haremos a través del foro de habitantes a ciudadanos, en el que ya venimos trabajando con las organizaciones sociales", dijo Serantes, en diálogo con La Nación.

En el fallido documento, la Iglesia proponía cambios estructurales para erradicar la pobreza y lograr disminuir la brecha entre ricos y pobres.

Se insistía en la necesidad de reformar el funcionamiento del sistema educativo, avanzar en un programa progresivo de universalización de las asignaciones familiares (puesto en marcha por el Gobierno en diciembre de 2009) y un plan de recuperación y reinserción integral, con apoyo económico para rescatar a los jóvenes que están fuera del mercado.

Como un reflejo de la profunda crisis social, el propio obispo Casaretto advirtió en febrero último que unos 900.000 jóvenes de 13 a 19 años no estudian ni trabajan en el país.

Fuente: La Nación

ARCHIVOS