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Monseñor Stanovnik a los peregrinos sanluiseños: Hoy nos ponemos en la huella espiritual que abrieron nuestros padres y abuelos

Al momento de la salida de los miles de peregrinos sanluiseños que se encolumnaban hacia Itatí, el Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, los bendijo y remarcó las cualidades y virtudes de quienes caminan en peregrinación:

La primera peregrinación de San Luis del Palmar –hace exactamente 110 años– cuenta que una caravana de peregrinos iba a prosternarse ante el Santuario de Nuestra Señora de Itatí, yendo como verdaderos peregrinos, sufriendo la inclemencia del la estación, a pie muchos, a caballo algunos y en carreta otros.
Hoy somos nosotros, peregrinos y devotos, quienes nos ponemos en la huella espiritual que abrieron nuestros padres y abuelos, con el mismo deseo que tenían ellos: ir como verdaderos peregrinos y prosternarnos ante la amada y bella imagen de María de Itatí.
El verdadero peregrino lleva la fe en su corazón como una marca, grabada a fuego, que lo distingue. Por eso sabe que la dirección que toma es la correcta: ir al Santuario de Itatí, para rendir homenaje a la que tiene en el centro de su corazón: la Virgencita Madre de Itatí. Él sabe que arrodillado ante ella, no va a ser desoído en sus súplicas. Se siente mirado por ella con ojos de misericordia, porque así lo hizo por más de cuatro siglos a todos los que la han implorado.
El verdadero peregrino, sortea toda clase de dificultades, supera todos los obstáculos, porque sabe en quién ha puesto su confianza y tiene la certeza de que no se verá defraudado. Por eso, a la Tiernísima Madre de Dios y de los hombres le pide que lo atienda en sus necesidades, confiado en que ella las conoce mejor que él mismo. ¿Quién mejor que la madre conoce las necesidades de sus hijos?
Sin embargo, en medio de las muchas necesidades, el verdadero peregrino siente que la necesidad principal es una sola, y por eso la pide como un gran favor: concédeme un gran amor a tu Divino Hijo Jesús. Ése es el gran favor que Dios nos hace por medio de María: darnos a Jesús. Ella, Tierna Madre, nos muestra a Jesús, y nos enseña a amarlo. Con ella, junto a la Cruz de su Hijo, aprendemos que el camino para tener un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en las tentaciones y consuelo en la muerte, es abrazar, como lo hizo ella, la cruz salvadora de su Hijo.
El amor de su Divino Hijo Jesús nos hace más buenos y más santos, como la hizo santísima a ella. Esa bondad que nos viene de Dios por medio de María, alivia el corazón del peregrino y lo fortalece para regresar renovado a las tareas y compromisos cotidianos. Para eso, el verdadero peregrino se confiesa y comulga. Así, renovado por dentro, más cerca y amigo de Dios, se siente más hermano y más unido a todos los otros peregrinos; se da cuenta que es maravilloso ser parte de esta gran familia de Dios, que es la Iglesia peregrina hacia el santuario definitivo, donde Dios Padre y Creador nuestro nos espera con los brazos abiertos.
Por último, el verdadero peregrino, ese que se dejó tocar por el amor de Dios, dejándose llevar por la tierna mano de su Madre, la Virgen María, a su regreso se compromete a vivir más responsablemente sus obligaciones cristianas y ciudadanas, en el único matrimonio constituido por un varón y una mujer; cuidar su familia; ser un miembro activo en la Iglesia, sobre todo los domingos participando de la misa; y ser un buen ciudadano que conoce sus derechos y obligaciones, y está dispuesto siempre a cumplir la ley.
Tiernísima Madre de Dios y de los hombres, protege a estos devotos y peregrinos tuyos de todos los peligros, concédeles las gracias que tú les tienes preparadas y cuídalos también durante su regreso para que lleguen renovados espiritualmente, sanos y salvos a sus hogares.

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