ARCHIVO > PRENSA > NOTICIAS

:: Monseñor Domingo Salvador Castagna en Santa Ana: Los padres de María la prepararon para la misión formidable y trascendente que debía cumplir

La localidad de Santa Ana vivió su Fiesta Patronal acompañada por miles de personas que visitaron el antiguo templo, el lunes, Día Litúrgico, y el domingo en vísperas de la celebración.
El domingo tuvo lugar el desfile de agrupaciones gauchescas; el 26, la Solemne Procesión y Misa Central que fue presidida por el Arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, quien defendió en su Homilía la institución de la familia y el matrimonio.
Desde muy temprano centenares de fieles, sobre todo jóvenes, llegaron hasta la casa de la abuela de Jesús, que por tradición, congrega a los estudiantes.
A continuación, el texto del mensaje de monseñor Castagna:
Hace unos años viajando a Tierra Santa, me preguntaba por qué me emociona el recuerdo de la Virgen en estos lugares donde hay una impregnación de la presencia de Jesús. Quizás porque a él lo trato casi permanentemente en la eucaristía. Pero cuando pensaba que la Virgen había estado por ahí, me emocionaba.
Y así puedo decir de a aquellos que constituyeron el entorno familiar de la Virgen, comenzando por sus padres, Joaquín y Ana. Pensar en ellos, es pensar en María, en el origen donde nació la Virgen. Ella nació de un papá y una mamá. Como nosotros, que tenemos que dar gracias a Dios de haber tenido papá y mama, como la Virgen los tuvo.
Mas aún, ese papá y esa mamá, que fueron Joaquín y Ana, la formaron espiritualmente, la prepararon en el nombre del padre Dios para la misión formidable y trascendente que debía cumplir en ese misterio de salvación de los hombres que es la encarnación del Verbo.
Y luego en la cruz, cuando Jesús nos la legó como madre, en la persona de Juan, ella comenzaba una labor formidable que no acaba ni acabará nunca y que va creciendo a través de la historia.
La Iglesia fue como marianizandose con el tiempo a partir de hace dos mil años. María fue ocupando el lugar materno que le dio Jesús en la tarde dolorosa de la cruz.
Por eso, celebrar a los padres santos de la Virgen santísima es celebrar la santidad misma de la vida familiar y la vida conyugal lógicamente, que es la que le da origen a la vida familiar y a la santidad.
El Santo Padre Juan Pablo II y también Benedicto XVI han beatificado matrimonios. Por ejemplo, a los padres de Teresita del Niño Jesús -la menor de sus hijas que canonizada a quien tenemos tanta devoción-, son beatos: el beato Luís y la beata Celia Martín. Es decir, la vida familiar y matrimonial es camino de santidad.
Por eso, que bueno es hoy, como pueblo de Dios, que se reúne, celebrar la fiesta de santa Ana y san Joaquín. Es bueno hacerlo en esta sociedad, que está apoyada en la familia, que evidentemente debe ser la base que de consistencia a toda la construcción social, donde se educa a los hombres y mujeres en los grandes valores tradicionales de nuestra patria y de nuestra fe.
Tenemos que celebrar de esa manera, con esa perspectiva, con esa simplicidad de corazón, con que celebramos los grandes misterios de Dios. Él nos enseña a ser sencillos con las cosas grandes, porque las cosas grandes no se las tratan sino sencillamente, cuando metemos nuestras cosas, nuestros esquemas, nuestros conceptos vamos complicando de tal manera la realidad que la hacemos confusa, insostenible, dolorosamente condenada al fracaso.
Debemos pedir siempre al Señor. El pueblo correntino es un pueblo que reza mucho, que ama la Virgen, que peregrina a Itatí, que quiere conservar y conserva en su corazón los grandes valores predicados por los misioneros de los primeros tiempos de la evangelización de hace más de 400 o 500 años atrás. Recordemos a San Francisco Solano que pasó por estas tierras. Tantos otros que fueron sembrando la semilla del evangelio en los corazones de tal manera que nuestro pueblo no puede separarse ni disociarse de esos valores depositados por los grandes misioneros de todos los tiempos y mantenidos por la Iglesia a través de una eficaz acción pastoral y evangelizadora.
Hoy tenemos que agradecer a Dios por todos los dones que se nos ha dado y agradecer este ejemplo formidable y que fue un poco precursor del gran ejemplo de la familia de Nazareth, que es la familia de Joaquín y Ana. Ellos fueron como el cofre precioso donde se depositó la joya preciosa de María, y Jesús es la joya preciosa que se depositó en el cofre precioso de María y de José.
Sepan que este es el plan de Dios y no lo podemos cambiar, porque es de Dios; y que bien que nosotros no lo mantengamos sólo en el concepto, en la idea y la discusión sino que en la práctica de una vida cristiana auténtica que abarque realmente toda nuestra vida. Que bien que sea así, tiene que ser así.
Por eso, pidamos, muy especialmente, la intercepción de estos santos padres de María para que intercedan por nosotros, por nuestra patria, por nuestra provincia, por nuestra vecindad, para que así se reproduzca en verdad aquella familia que ellos supieron fundar como ejemplo de toda familia auténticamente humana y cristiana.
Pidamos por la fidelidad de todos los ciudadanos, a los grandes valores que fundaron nuestra nacionalidad en este Bicentenario que estamos celebrando”.

ARCHIVOS