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MONS. STANOVNIK EN SAN CAYETANO

“Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo”

Ante miles de peregrinos que se dieron cita el pasado sábado en la Parroquia y Santuario "San Cayetano", el Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, destacó los aspectos principales de la vida del santo y remarcó que "ante la realidad de una sociedad corrupta, no optó ni por el anarquismo social, ni tampoco se refugió en los bienes de su familia para asegurar su futuro y pasarla bien. Por otra parte, frente a muchos eclesiásticos que vivían desordenadamente su vida, no se escandalizó desgarrándose hipócritamente sus vestiduras, ni tampoco se apartó de ellos. Veamos cómo reaccionó Cayetano ante una sociedad corrupta y en una Iglesia, que en muchos aspectos, era infiel a su misión. Para verlo, lo mejor es recurrir a una confesión suya, brevísima, que él coloca al comienzo de una carta dirigida a su amiga. Dice así: “Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa”.
"¿Qué vemos en esta confesión de Cayetano? Ante todo, descubrimos a una persona humilde que empieza juzgándose a sí misma. Pero esa conciencia no lo lleva a cerrarse en sí mismo ni a desesperarse, sino a confiar en la entrañable misericordia de Dios. Por eso, sintiendo la amistad de los santos, escribe a continuación así: “me confío a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre”. Esta conciencia de ser pecador y su confianza en el amor de Dios, no lo abandonó nunca. En realidad, esa consideración humilde de su persona le permitió acercarse a sus semejantes y realizar grandes obras en bien de la sociedad y de la Iglesia. Con una persona así, Dios puede realizar una profunda transformación y así lo hizo. En cambio, una persona soberbia, incapaz de juzgarse a sí misma, se aísla de los demás y de Dios. Frente a esto, nuestro santo nos enseña algo muy básico y esencial: hay que pedir la gracia de reconocerse pecador y necesitado de perdón. Él mismo solía repetir a sus compañeros: “Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo”. Esta máxima vale también para la sociedad, porque nadie puede dar lo que no tiene. Si se quiere reformar la sociedad, hay que empezar por las personas y, sobre todo, por aquellos a los que se les ha confiado alguna autoridad", continuó diciendo el Arzobispo.
Monseñor Stanovnik acompañó esta importante fiesta de la feligresía correntina no sólo el sábado durante la celebración central del Día Litúrgico del Santo del Pan y del Trabajo, sino que también caminó el domingo junto a los trabajadores en la ya tradicional Peregrinación de los Trabajadores y sus Familias que este año cumplió 24 años.
Destacando este hecho trascendental de piedad popular dijo que "nos acercamos a él para confiarle nuestras necesidades, principalmente esas que son tan básicas para la vida –como son el pan y el trabajo– para vivir con la dignidad como hijos de Dios y hermanos en Jesús, y como ciudadanos con nuestros deberes y derechos. ¡Cuántas cosas le confiamos a san Cayetano! Ante su imagen, a veces después de una prolongada y sacrificada espera, y cumpliendo la promesa que le habíamos hecho, aliviamos nuestra alma agradeciéndole tantas cosas buenas que nos vienen por su intermedio, y a la vez, le suplicamos que nos ayude en tantas emergencias que agobian nuestra vida". Pero remarco que "nos equivocaríamos mucho si peregrináramos sólo para acercarnos a él y pedirle por nuestras necesidades sin estar sinceramente dispuestos a reconocernos pecadores y suplicar a Dios el perdón de nuestros pecados. Un principio básico para sanarse y recuperar la salud es reconocer la enfermedad. Esto también es un acto de humildad que nos acerca a la verdad, nos cura y nos hace libres para amar y servir. El pan y el trabajo son un don de Dios que se hace realidad en aquellas personas y comunidades que están dispuestas a reconciliarse con Dios y a compartir sus capacidades y recursos con sus hermanos".

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