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Monseñor Stanovnik: Iniciaremos una nueva etapa de encuentro, de reconciliación y de compromiso

Alegría, servicio, oración en común y acción de gracias. Estas fueron las palabras más resaltadas durante la jornada que se desarrolló el domingo en el Santuario de Nuestra Señora de la Merced, de la que participaron más de cuatrocientas personas que están trabajando en las distintas comisiones que tienen a su cargo la organización del Acto Central del Jubileo Arquidiocesano que se desarrollará el próximo 2 de octubre.(VER APARTE)
Estuvieron presentes monseñor Andrés Stanovnik, y el vicario general de la Arquidiócesis, padre José Billordo.
La jornada, comenzó a las 8,30, con un momento de oración comunitaria, porque, precisamente, el objetivo de este encuentro era el de rezar juntos todos aquellos que desde las áreas de Liturgia, Servicio, Protocolo, Prensa, Sanidad, Seguridad y Logística, están colaborando en la celebración jubilar.
Luego se desarrolló un breve repaso de lo vivido, desde el inicio del Trienio de Preparación para este año jubilar, hasta llegar a los detalles previstos para la celebración del 2 de octubre.
Luego, monseñor Andrés hizo una breve reflexión, centrada en la “alegría” y el “servicio”. Destacó que lo importante es que este año jubilar sea vivido alegremente, tanto en toda la Iglesia particular de Corrientes como en las parroquias, como así también, desde lo personal. Señaló que sentirse felices y renovados en la fe, por este acontecimiento dejará, sin dudas, huellas imborrables en todos y en cada uno de los correntinos.
El Arzobispo resaltó que este Año Jubilar, como el Acto Central en sí mismo, debe ser vivido como todo un “acontecimiento”. Será no sólo una celebración de acción de gracias por tantas bendiciones recibidas a lo largo de estos cien años de caminar diocesano, pero también, como el inicio de una nueva etapa de encuentro, de reconciliación y de compromiso.
En relación al “servicio” que todos los presentes están ofreciendo, desde el lugar que cada uno ocupa, agradeció la entrega, el compromiso, e instó a todos a ofrecer cada acto al Señor, para que sea él quien luego bendiga a los frutos que surgirán de este trabajo y del acontecimiento jubilar que se está viviendo.
Tras escuchar las palabras del Pastor, los presentes se reunieron en pequeños grupos para charlar y compartir, bajo la premisa de: “Si Jesús es nuestro Jubileo, el motivo de nuestra alegría”, pensar en algunas preguntas disparadoras, como: ¿Qué lugar ocupa Él en tu vida?, ¿Y la misión de testimoniarlo a Él en la vida cotidiana? Con tus padres, tus amigos y tu estudio/trabajo.
Como cierre del encuentro, se celebró una Santa Misa. Durante su homilía, el Arzobispo, señaló que la clave de todo este acontecimiento es “el Jubileo”. Dejó en claro que “no lo hacemos nosotros, es una respuesta del acontecimiento de la presencia de Jesús”. Si bien, hizo referencia a la “alegría”, dijo que ésta, “no la fabricamos, no es un producto, surge del encuentro con el Señor y desde él”.
Monseñor Andrés expresó además, que cuando “el Señor nos llama, nos convoca –en referencia a la tarea que se está haciendo en cada Comisión-, no tenemos más remedio que responder”.
En alusión a las lecturas del día, Monseñor dijo que el “pueblo de Dios –en tiempos de Moisés- se pervirtió cuando comenzó a alejarse del Señor, a rendirle culto a otro ídolo (como hoy pueden ser las adicciones, el poder)”, pero que sin embargo, todo ello “solo ofrece una alegría falsa, una satisfacción que no permanece”.
Para el Pastor, no hay mayor alegría que la de vivir en armonía una estrecha relación con Dios y con los demás.
Por último, monseñor Andrés llamó a los presentes a “vivir el Jubileo como un servicio, y a transmitirlo desde la vida, desde la mirada, desde la paz interior que se comparte con quienes nos rodean”.
Para graficar esta idea, recordó que cuando participó como peregrino del X Congreso Eucarístico Nacional, que se celebró aquí en Corrientes en el 2004, una de las tantas imágenes que le quedaron grabadas en el corazón fue la mirada de los servidores, cuando terminaba en Congreso, que reflejaba agotamiento, cansancio, pero sobre todo alegría. Destacó que en su rostro se reflejaba la felicidad por el servicio dado y la paz por haber entregado lo mejor de sí al Señor y a los demás.

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