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:: Jubileo de la Pastoral Penitenciaria en la Granja Yatay

En el marco de la novena de Nuestra Señora de la Merced y celebrando de este modo el Jubileo de la Pastoral Penitenciaria, en la mañana de hoy, el Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, presidió la santa Misa en el Centro de Detención Nº4 en la Granja Yatay.
Estuvieron presentes autoridades del Ministerio de Gobierno y Justicia de la Provincia y del Servicio Penitenciario, además de los reclusos allí alojados y sus familiares. También, referentes de la Pastoral que habitualmente lleva la palabra de Dios a estos espacios, y que son asesorados, entre otros, por el padre Carlos Brollo, Pedro Viana y Raúl Alcorta.
Durante la Eucaristía, que fue transmitida por FM San Cayetano, monseñor Stanovnik hizo referencia a la lectura del evangelio en la que se relata la parábola conocida como la del Hijo Pródigo. Parte de su homilía se transcribe a continuación:
“Estamos celebrando esta celebración eucarística en la que escuchamos cómo es Dios. Si nosotros nos quisiéramos hacernos una idea real de cómo es Dios, deberíamos volver una y otra vez a este evangelio del Padre Misericordioso, o conocido también por la parte del hijo, del hijo menor, como la parábola del hijo prodigo.
“Pero, es mas correcto llamarla parábola del Padre Misericordioso porque a través de estas palabras se nos revela, se nos muestra cómo es Dios, cómo es el corazón de Dios. Que probablemente, es diferente a la idea que tenemos o nos hacemos de Dios.
“Nosotros, inmediatamente cuando decimos Dios, se nos puede aparecer una imagen de alguien distante, de alguien que espera para juzgar nuestra vida, de alguien que tiene en su intención, primero, el castigo y después el premio. Probablemente, estas ideas estén bastante arraigadas en nosotros; ideas que no siempre tienen base en la revelación, es decir, en la Palabra de Dios. Son ideas, algunas, un tanto paganas, que significa que no se ajusta a la verdadera imagen de Dios.
“Dios es justo, pero al mismo tiempo es misericordioso. A nosotros nos cuesta juntar las dos cosas. Nos cuenta pensar en el ejercicio de la justicia, que siempre debe estar acorde con la verdad, y al mismo tiempo en la misericordia. Porque inmediatamente pensamos que la misericordia es algo al margen de la justicia, es como una especie de piedad, que por ahí dice: “no importa tanto la verdad de los hechos, lo que importa es la ternura, la misericordia, el borrón y cuenta nada, como si no hubiese pasado nada”, pero no tiene nada que ver la misericordia de Dios con esta idea.
“La misericordia de Dios parte de la justicia. Y en ¿qué consiste la justicia de Dios?. Es Jesucristo. Él es la justicia de Dios, no es una acción, una idea, un concepto, es una persona. ¿Cómo hizo Dios justicia con nosotros?, a través de su hijo Jesús. Entonces, conociendo a Jesús, nosotros nos damos cuenta cómo es la justicia de Dios Padre.
“¿Qué fue lo que hizo Jesús?, dio la vida por nosotros, Él es el justo, Él es el inocente que dio la vida por todos nosotros, pecadores.
“La justicia de Dios es Jesucristo y su vida entregada por nosotros hasta el extremo.
“Es extraña la justicia de Dios, no es como la nuestra, que en todo caso es sólo darle a cada uno lo que corresponde. Entonces, si uno ha cometido un delito, proporcionalmente le corresponde una determinada pena. O si queremos poner la justicia entre las relaciones entre nosotros, pensamos que es darle a cada uno lo que le corresponde.
“Sin embargo, la justicia de Dios es de otra naturaleza, supera estos límites. Es dar de lo mío totalmente todo al otro. Es otra la dinámica. Por eso la justicia conduce al amor, y es el amor el que hace justicia. Y el amor es precisamente, darse al otro. El amor no puede estar separado de la justicia. La justicia pensada desde Dios es entregarnos totalmente al otro.
“Hacemos esta reflexión con la justicia para comprender la misericordia de Dios, para comprender lo que Dios hace con nosotros, que se nos entrega totalmente. Esa es su justicia, por eso es la justicia de la misericordia.
“Cuando uno descubre que Dios es así, queda transformado. Cuando se encuentra con Dios, lo acepta y recibe, a uno le cambia la vida y la visión.
“Por eso la practica de la justicia cristiana parte del amor, de la misericordia, parte de la verdad. Por eso puede establecer justicia, una justicia que esta abierta a la reconciliación, es decir, al perdón y a la paz”.
Además, en relación a las reflexiones anteriores, el Arzobispo dijo: “Por qué nuestros establecimientos de detención, nuestras cárceles, tantas veces nuestras familias, nuestra sociedad, no logra encontrar caminos de convivencia, de inclusión o establecer justicia, porque no partimos de lo que Dios nos pide, de la misericordia y el amor, entendido desde esta dinámica.
“Partimos de intereses particulares, sectoriales, todo se transforma en un negocio, y éste es siempre una tensión entre lo que puedo conseguir y si puedo hacerlo al máximo para mi, para mi grupo. La dinámica del amor de Dios es distinta.
“Y nosotros por gracia de Dios, participamos de la dinámica del amor de Dios, que se hizo cercana a nosotros, que nos hizo participar de la vida interna de Dios. Jesucristo se entregó a nosotros, entregó su amor para que podamos vivir de ese amor. Solo esto nos salva y hace posible una convivencia humana donde realmente podamos construir juntos nuestra historia y caminar peregrinos, incluyendo a todos, hacia Dios, en hermandad, en solidaridad, y en justicia.
“Sólo el que descubre esta revelación extraordinaria puede ser también instrumento de misericordia. Los padres con respecto a sus hijos están llamados a vivir esto.
“Así como decimos de los padres, lo decimos también de todo aquel que tiene autoridad. La autoridad es el ejercicio de esta misericordia que es entregar la propia vida, las propias capacidades, el tiempo a los demás, al bien común.
“Entonces, los responsables de un centro de detención, desde las autoridades máximas hasta todos aquellos que están afectado, están llamados, si lo miramos desde el punto de vista cristiano, a ser instrumentos de la misericordia de Dios, de su amor, que se expresa a través de la justicia, de la solidaridad, de ofrecer lo medios para dignificar la vida de las personas. Estos caminos se pueden transitar pero si partimos de la experiencia de la que Dios nos llama”.

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