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PRIMER OBISPO DE CORRIENTES

Aniversario del fallecimiento de monseñor Luis Maria Niella

En la tarde del 30 de noviembre de 1933 fallecía el primer obispo de Corrientes, Luis María Niella. Niella era correntino. Para su formación sacerdotal tuvo que ir a Santa Fe. Fue ordenado sacerdote por el obispo de Paraná en febrero de 1879. Corrientes en aquel entonces integraba el territorio de la diócesis de Paraná. Una vez ordenado, quedó un tiempo breve en esa curia. Notando su personalidad madura, el obispo Gelabert y Crespo lo nombra primero párroco de Goya, luego de Rosario. Y, a principio de 1900, cuando Corrientes se encontraba en plena preparación para la coronación de la Virgen de Itatí, llega a esta ciudad como Vicario Foráneo y párroco de Nuestra Señora del Rosario (hoy Catedral). El Papa X crea la diócesis de Corrientes en febrero de 1910. Exactamente un año después, nombra obispo a Luis María Niella quien es ordenado el 4 de junio (de 1911). Ese día, en la Catedral, en su Carta Pastoral, dejaba en claro su plan pastoral. En él podemos destacar su propósito de visitar todos los rincones de la nueva diócesis. Tengamos en cuenta que en ese entonces abarcaba toda la provincia de Corrientes y la actual de Misiones; propósito que cumplió acabadamente. Todavía viven personas que lo recuerdan llegar a algunos parajes a caballo, o en carro, o en canoa en aquellas zonas de bañados y esteros. Además, en la Carta Pastoral deja patente su alma eucarística, cuando dice: “Empezamos nuestro Ministerio Episcopal con un acto público, con un homenaje sincero de nuestra fe y amor a Jesús Hostia”. Y casi al final: “Nuestro ministerio se apoyará en el altar sagrado de Jesús Hostia; nos esconderemos en el amoroso recinto del Corazón Sacratísimo; imploraremos el socorro de la Sma. Virgen María… nos acogeremos a la sombra de la Sma. Cruz de los Milagros…”. Estableció las LX Horas (adoración al Santísimo) en toda la diócesis, una Hora Santa a la semana en cada parroquia. Cuando no estaba de visita pastoral, todos los jueves presidía la Hora Santa en la Iglesia Catedral. En cada lugar donde realizaba la Visita pastoral infaliblemente concluía con una procesión eucarística. Otra característica que no podemos dejar de resaltar era su amor por el confesionario. Gran parte de las visitas pastorales las dedicaba a confesar. Y si llevaba sacerdotes con él era precisamente para que lo ayudaran en ese ministerio. Claro, tenía una ventaja: hablaba perfectamente el guaraní. ¡Todos querían confesarse con él! Recomendaba a los sacerdotes aprender el guaraní, en aquellos días en que hablarlo era de inculto, de mencho. Un sacerdote escribió en su memoria que no eran pocas las veces que confesaba más allá de la medianoche. Pero siempre se levantaba con las primeras luces del alba para sus oraciones. Mons. Niella, además, transmitió las devociones que llenaban su corazón: a la Virgen de Itatí, y a la Cruz de los Milagros. Cuando falleció iba a cumplir ochenta años. P. Ramón Billordo.

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