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El padre Raúl Alcorta asumió en “San Roque González y compañeros mártires”

El padre Raúl Alcorta asumió el sábado pasado como párroco de “San Roque González y compañeros mártires”, en una santa Misa que el Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, celebró ante un templo colmado de fieles que dieron la bienvenida al nuevo pastor de la comunidad.
Acompañado por sus hermanos sacerdotes, su madre y hermanos, el padre Raúl Alcorta abrazó con fidelidad a la Iglesia este cambio en su vida, luego de haberse desempeñado por más de dos décadas como administrador, y luego como párroco, de la comunidad de “San Cayetano”.
Monseñor Stanovnik destacó en su Homilía la presencia de numerosos fieles, tanto de San Cayetano, Riachuelo y El Sombrero –comunidades en la que sirvió- y de la Parroquia “San Roque González”.
“Este es un momento de sentimientos encontrados, por un lado la despedida y por otro la bienvenida a un nuevo sacerdote, que con renovado espíritu comenzará a pastorear esta Parroquia”, expresó y resaltó “sabemos del cariño que ustedes tienen al padre Pedro Vianna, y de su dedicación ejemplar a los mas sufrientes, a los mas necesitados”.
Posteriormente monseñor Stanovnik habló a los fieles sobre el texto del Evangelio que se refería al Sermón de la Montaña.
“Las Bienaventuranzas son un programa para ser feliz. Las palabras de este programa son altamente confiables, nosotros tenemos que pensar si le creemos a Jesús o a quienes nos ofrecen una felicidad que no es tal, confundiendo felicidad con satisfacción, con pasarla bien. Que bueno sería que hoy nosotros le digamos si a esta palabra”.
“Jesús dice felices los pobres de espíritu. Los pobres de espíritu son los que dan todo de sí, que se entregan enteros por el otro. Son las personas desprendidas, que ponen su propia vida al servicio de los demás”.
“El pobre de espíritu es una persona humilde, que no quiere decir débil. Para ser humilde es necesario mucha fortaleza interior para luchar contra la soberbia, el orgullo, la autosuficiencia”.
“El pobre de espíritu con mayúsculas es Jesús. Nosotros encontrándonos con El, conociéndolo, entrando en amistad de comunión con El, aprendemos este camino profundo de felicidad que es el que se nos propone en el Sermón de la Montaña”.
El Arzobispo de Corrientes continuó diciendo que las demás Bienaventuranzas se desprenden de esta primera y que siguiendo este programa de vida “encontraremos una felicidad que no desaparece en medio de las dificultades de la vida, sino que con ella alcanzaremos una fortaleza especial que nos ayudará precisamente a superar los problemas”.
“La enseñanza de la montaña es una autentica ciencia de la felicidad. No se trata de buscar la felicidad, la felicidad es un don que viene del encuentro con El, que nos transforma”.

Misión del sacerdote
En un segundo tramo de su Homilía, monseñor Stanovnik, remarcó que la primera misión del sacerdote es anunciar la Palabra de Dios. “El sacerdote es Ministro de la Palabra de Dios. Ungido y enviado a hacerlo. Por eso debe cultivar la familiaridad con Jesús, es un hombre vinculado estrechamente a Dios porque trata con Él, íntimamente, para luego hablar y actuar en su nombre a la comunidad”.
“El sacerdote es un hombre de Dios, quien lo eligió como ministro suyo, para que esté al servicio de los hombres. La vocación sacerdotal, y la cristiana en general, es de servicio y esto significa dar la vida, dar todo a los demás y a veces a costa de la propia vida. De Jesús aprendemos como debe desempeñar su tarea el sacerdote, hombre de Dios al servicio de la comunidad”.
Monseñor Stanovnik expresó que el sacerdote no solo debe ubicarse delante de la comunidad, guiándola “sino también en medio de su pueblo, porque no es un ser distante y extraño, como tampoco lo es Dios para nosotros. El sacerdote es un hombre de vínculos, de relaciones. Debe crear vínculos de amistad, para que nadie se sienta excluido de la vida parroquial, todos deben encontrar su lugar dentro de la comunidad”; y remarcó luego que hay dos organismos que no deben faltar en la comunidad: el consejo de pastoral y el consejo de asuntos económicos

Crecimiento
Finalmente monseñor Stanovnik remarcó que “la comunidad parroquial no se hace mirándose solo a si misma, sino que crecerá en la medida en que su comunión y participación se convierta en misión”.
“La comunión en el encuentro en torno a la Eucaristía. La comunidad parroquial es una comunidad eucarística, esto la diferencia de todas las demás asociaciones humanas. Lo más importante que hacemos es celebrar la eucaristía”.
“La misión debe consistir en llevar la Palabra a los que están mas lejos, mas alejados. Comunidad misionera que lleva la experiencia de la riqueza del encuentro con Jesús”.
Ante ello “el párroco es el primer animador de la vida comunitaria y de la misión hacia los alejados”.

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