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Marcelo tiene 14 hermanos, algunos de ellos viven hoy en Buenos Aires y otros, en Corrientes.
Cursó sus estudios primarios en San Miguel, y luego de hacer los dos primeros años de la secundaria en la Escuela Normal “Joaquín Madariaga”, se trasladó a terminar su formación a Capital, en el Seminario Menor “Nuestra Señora de Itatí”, de donde egresó en el 2002.
Su formación y preparación personal para el sacerdocio la realizó en el Seminario Interdiocesano “La Encarnación”, desde 2003 hasta 2009. A lo largo de estos años, desarrolló experiencias pastorales en comunidades de Resistencia y Corrientes: en la Parroquia Santa Cruz (Rcia.), junto al padre Alberto Fogar, colaborando especialmente en la Capilla San Ramón; en la Catedral correntina, durante dos años junto al padre Martín Zacaríaz, y desde 2008, en la Parroquia Perpetuo Socorro, con el padre Carlos Fernández.
El inicio de la vocación
Marcelo cuenta que comenzó a sentir el llamado del Señor a la vida sacerdotal cuando tenía 16 años. Sin saber cómo explicar exteriormente lo que le ocurría, empezó a verse como sacerdote. El tenían en sus planes intentar el ingreso a la Fuerza Aérea (ya había iniciado las averiguaciones para solicitar su inscripción) y en sus proyectos estaba presente siempre el de formar una familia, pese a esto se pensaba, con agrado y sensaciones de felicidad, como sacerdote.
El futuro sacerdote recordó dos sueños que había tenido en los que se veía como sacerdote y aseguró que la sensación de paz y felicidad que sintió fue enorme y lo entendió como una señal acerca de hacia donde debía reorientar su vida.
Su primeras charlas sobre lo que estaba sintiendo, aún no lo llamaba vocación, las mantuvo con su catequista, quien le sugirió hablar con el párroco, en ese entonces llegaba a la comunidad de San Miguel el padre Esteban Gamarra. Fue él quien lo orientó en la forma de encausar, pensar y rezar la posibilidad de entregarse al Señor de manera plena a través del sacerdocio.
Cuando tomó la decisión de comenzar formalmente este camino en el Seminario Menor, una de las dudas que albergaba Marcelo era cuál sería la reacción de sus padres. Mucha fue su sorpresa y alegría cuando ambos le manifestaron todo su apoyo y respaldo para la decisión que él había tomado.
De sus charlas con sus pares y otros sacerdotes, comentó que siempre está presente la realidad social, los problemas coyunturales que vive la gente y las dificultades que atraviesa la Iglesia, sobre todo vinculadas al desempeño de los sacerdotes. Juntos intentan ayudarse a encontrar el modo adecuado de, como hombres de Dios, dar respuestas correctas y coherentes, acorde a las necesidades de la gente.
Desde que inició su formación, siempre cumplió tareas pastorales en las capitales de Corrientes y Chaco, pero Marcelo confiesa que a él le agradaría poder servir en el interior, cerca de la gente de campo, no porque crea que es un ámbito más tranquilo o sin tantas dificultades, sino todo lo contrario, porque es conciente y conoce las necesidades de la gente y considera que el aporte que puede ofrecer como sacerdote puede ser el adecuado porque él nació y se crió en el interior.