ARCHIVO > PRENSA > NOTICIAS

 MISA TELEVISADA: Monseñor Castagna exhorto a compadecernos de los crueles sufrimientos de Jesús, padecidos por nuestros pecados

 

 Ayer, monseñor Domingo Salvador Castagna, Arzobispo Emérito de Corrientes, presidió la santa Misa que se transmite cada domingo por Canal 13Max. Durante su Homilía resaltó que en esta Semana Santa que iniciamos es necesario que los cristianos nos coloquemos “ante la Pasión del Señor e involucrarnos en su actualidad. Para ello debemos compadecernos de los crueles sufrimientos de Nuestro Señor, padecidos por culpa de nuestros pecados, y suplicar su gracia para que hoy rediman a nuestro mundo y sanen las heridas de nuestra sociedad. Para que esto ocurra será preciso que el Misterio celebrado durante la semana que se inicia se instale en el corazón de cada bautizado y fortalezca o rehaga el mismo proceso de la fe católica”

Texto completo
En cada celebración la Iglesia se renueva. Estamos iniciando la Semana Santa conjugando dos momentos aparentemente inconciliables: 1) El ingreso clamoroso y triunfante de Jesús en Jerusalén y el reconocimiento explícito de su mesianismo por parte del pueblo. 2) El relato de la Pasión del Señor, según el evangelista San Mateo. El pueblo simple identifica y recibe, en Jesús, al Mesías anunciado por los Profetas. No así los principales del mismo pueblo que tramarán su crucifixión y azuzarán a una horda violenta y sedienta de sangre que condenará al inocente y liberará al delincuente. La Pasión del Señor se repite en la actualidad en los pobres y en los creyentes.
Es preciso, como entonces, que los sufrientes transformen en redención sus sufrimientos. Para ello tendrá que producirse un cambio en los corazones. No está en el poder humano esa conversión. La gracia de Quien lo ha logrado en el primer Viernes Santo sostiene la fortaleza de los que buscan explicaciones a tanto dolor. Los medios de comunicación ofrecen la imagen del dolor injustamente infligido por la irresponsabilidad de quienes deben cuidar la seguridad de la población y por la devastadora delincuencia. ¡Cuántos rostros sangrantes de ancianos impiadosamente castigados por jóvenes enloquecidos por la droga! ¡Cuántas vidas sesgadas por delincuentes sueltos y desprejuiciados! La horda que reclamaba la crucifixión de Jesús y la libertad de Barrabás desborda hoy nuestras plazas y se agazapa en las oscuras calles de nuestras modernas ciudades.
Como cristianos necesitamos ponernos ante la Pasión del Señor e involucrarnos en su actualidad. Para ello debemos compadecernos de los crueles sufrimientos de Nuestro Señor, padecidos por culpa de nuestros pecados, y suplicar su gracia para que hoy rediman a nuestro mundo y sanen las heridas de nuestra sociedad. Para que esto ocurra será preciso que el Misterio celebrado durante la semana que se inicia se instale en el corazón de cada bautizado y fortalezca o rehaga el mismo proceso de la fe católica. Se requerirá, sin duda, una especial prontitud para escuchar la Palabra, decidir un cambio profundo en los comportamientos y aprovechar la gracia de los sacramentos de la penitencia y de la Eucaristía. Una sociedad como la nuestra, en la que la mayoría de los ciudadanos se declara “cristiana”, debe producirse una notable transformación. La celebración de los Misterios de la Semana Santa constituye la oportunidad de gracia para la proyección social de la vida bautismal.
Salirse de lo meramente formal requiere, de parte de cada bautizado, un valiente esfuerzo. Lo demás lo hace la gracia de Dios - o “el poder de Dios” - que siempre, infaltablemente, acude en nuestra ayuda. Dejemos que el Señor crucificado conquiste definitivamente nuestro corazón y oriente nuestro compromiso temporal desde la fe.

ARCHIVOS