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 JUEVES SANTO: Misa Vespertina de la Cena del Señor

 

 La Celebración del Jueves Santo se llama la Cena del Señor. En ella Él nos entregó tres cosas: 1) la Institución de la Eucaristía, 2) la Institución del sacerdocio, 3) la entrega de parte de Jesús del mandamiento nuevo del amor.
Para agradecer a Jesús por el don de su Cuerpo y Sangre, después de la Misa se hace la adoración al Santísimo Sacramento.
Además, a partir de esa noche los fieles comienzan a realizar la Visita a las 7 Iglesias.
El Sagrario aparece abierto y vacío. La comunión se hace del pan consagrado en la misma Eucaristía. Se consagran en esta Misa las hostias necesarias para la comunión de los fieles y para que el clero y los fieles puedan comulgar el día siguiente, Viernes Santo, en la celebración de los oficios de la Pasión del Señor.
El "Gloria" se canta con solemnidad. Por ello mientras se canta este himno, se hacen sonar las campanas que ya no se vuelven a tocar hasta el "Gloria" de la Vigilia Pascual.
El lavatorio de los pies, se hace en este día a doce hombres previamente designados y representativos de la comunidad. Significa el servicio y el amor del Señor Jesús que ha venido "no para ser servido, sino para servir" (Mt 20,28). Es un hermoso sacramental que complementa y explicita lo que es la Pascua y el sentido profundo de este día del Jueves Santo.
El gesto del lavatorio de los pies, que recoge el evangelista San Juan, lo ve el discípulo amado como la inauguración del camino pascual de Cristo. Donde en verdad mostró el Señor su actitud de servicio fue en la Cruz. Allí no se despojó del manto, sino de la vida misma, "se despojó de su rango" y demostró que era "el que sirve" y el que se entrega por los demás porque "no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos". Con el gesto del lavatorio de los pies adelantaba en símbolo (luego lo haría de otro modo más entrañable y eficaz con el pan partido y el vino repartido, la donación de su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía) lo que iba a hacer en la Cruz.
El lavatorio de los pies se hace con autenticidad. No sólo con unas gotas, sino lavando, secando y luego besando los pies, expresa bien la lección que nos dio el Señor Jesús: el amor fraterno, el servicio para con todos, la reconciliación.
En la procesión de dones, se destacan hoy más que nunca, el pan y el vino que la comunidad aporta y que constituyen la materia para el sacramento de la eucaristía.
Una vez concluida la Misa del Jueves Santo se procede a reservar el Santísimo Sacramento. Esto ayuda a recordar a la comunidad que siempre existe la reserva del Santísimo, que la Eucaristía es también el sacramento de la presencia real del Señor Jesús, y que por amor a nosotros se queda para ser el Dios con nosotros cumpliendo así con su promesa: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (mt 28,20).

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