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 MONSEÑOR STANOVNIK EN EL TE DEUM: Necesitamos cultivar el rico patrimonio de convicciones cristianas que acompañó a las generaciones que nos precedieron

 

 “Con esta solemne oración nos unimos espiritualmente también a aquellos cabildantes, que el 25 de mayo de 1810, pidieron que se rezara el Te Deum, una ceremonia de alabanza y gratitud a Dios, que luego se fue realizando en forma ininterrumpida hasta nuestros días. Ellos sabían que Dios actúa siempre a favor de la vida de los hombres y de los pueblos. Sabían también que en él no hay separación ni confusión entre lo temporal y lo eterno, sino distinción y complementariedad”, expresó el Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, ayer durante el Te Deum que se realizó en la Parroquia y Santuario “Nuestra Señora de la Merced”
Ante autoridades provinciales, de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, autoridades municipales y de las fuerzas de seguridad, el Pastor de Corrientes remarcó que “la responsabilidad ante Dios tiene una importancia decisiva para la correcta actuación política, cuyo ejercicio debe dar prioridad a la dignidad humana y el derecho a la vida en toda la legislación estatal; a respetar el matrimonio y la familia, fundamento de toda sociedad; como también a tratar con profundo respeto todo lo que es sagrado para los demás”
En el Cántico de Alabanzas, que tradicionalmente se realiza en las Fiestas Patrias, monseñor Stanovnik dijo que “si invocamos a alguien, se presume que el invocado exista, pero eso es todavía insuficiente; se espera, además, que con el invocado se pueda establecer una relación personal”, y agregó que “de nada nos serviría un Dios en el cielo, o donde quiera que estuviera, si no caminara codo a codo con los hombres y no tuviera un compromiso real con la historia de la humanidad. A un Dios distante seguramente no le importaría nuestra suerte y su existencia no suscitaría ningún interés. Sin embargo no es así. De hecho, nosotros lo invocamos y nos colocamos bajo su protección y así lo han hecho las generaciones que nos precedieron, porque tanto la inteligencia como el corazón, además de muchos otros signos, nos hablan de su presencia paternal y amiga, cercana y definitivamente comprometida con nuestro destino”
“El Dios de Jesucristo es una realidad que atraviesa todas las dimensiones de la vida humana, la privada y la pública. Esto lo comprendieron muy bien los hombres y mujeres que nos legaron el don de la Patria, cuando enseñaban a sus hijos a rezar, se rezaba en la escuela, rezaban los batallones patrióticos, se encomendaban al patronazgo de la Santísima Virgen María y le juraban fidelidad. La fe en el Dios de Jesús les daba conciencia de su dignidad y los fortalecía en la lucha por su libertad. Nuestros orígenes, que se remontan a más de cuatro siglos, y luego la gesta libertadora que se inició hace 201 años, no se comprenderían cabalmente sin la fe católica de nuestro pueblo. Necesitamos cultivar el rico patrimonio de convicciones cristianas que acompañó a las generaciones que nos precedieron, centradas en la certeza de un Dios Creador y Padre, en ser sus hijos infinitamente amados por Jesucristo y, en consecuencia, el empeño por vivir respetándonos y queriéndonos como hermanos, una tarea enorme e inacabada en muchos aspectos de nuestra convivencia ciudadana”, expresó luego.
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