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SABADO 28: Bendición del Templo y del Altar de “María Auxiliadora”
Este sábado, en una santa Misa que el Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, será bendecido el Templo y el Altar de la Parroquia “Maria Auxiliadora” de Bella Vista.
La celebración será a las 20, y cabe agregarse que la reliquia que se colocará bajo el altar pertenece a san Juan Bosco.
Los rasgos característicos de la dedicación de las Iglesias, tras la entrada solemne con aspersión y la proclamación de la Palabra, son las letanías, la oración consecratoria, la unción del altar y las paredes, su incensación e iluminación, y sobre todo la celebración de la Eucaristía.
Momentos
El altar y la Iglesia sólo se dedican a Dios, pero según costumbre también pueden ser titulares de una Iglesia la Virgen o los Santos, aunque sus imágenes no deben estar sobre el altar. Después Del canto de las Letanías, se colocan, las reliquias de un Mártir o de otro Santo para significar que el sacrificio de los miembros ha tomado su principio del sacrificio de la cabeza.
Se llama “reliquia” a lo que queda de una persona o de una cosa: de relinquere, relicta, reliquiae” en latín. Se aplicó sobre todo a los restos mortales de un mártir, y luego de un santo, aunque no fuera mártir. Por extensión se llaman también reliquias a otros objetos que pertenecieron al santo, como sus vestidos.
El respetuoso recuerdo de los difuntos, que es natural en todos los niveles familiares y culturales, tiene desde siempre para la comunidad cristiana especial relieve cuando se trata de los mártires y los santos. Muy pronto se vio la relación de los mártires con la de Cristo, y con la Eucaristía, sacramento de esta muerte, Por tanto. Cuando se construía una iglesia, ya en el siglo IV, se procuró construir el altar sobre la tumba del mártir, o al menos, colocar debajo de él alguna reliquia insigne del mismo. A lo largo de la edad media se desarrollo mucho la veneración de las reliquias de santos y se empezaron a colocar estas reliquias encima del altar.
Ahora, el Ritual de la Dedicación de iglesias y altares afirma que es oportuno conservar la tradición de la liturgia romana de colocar reliquias de mártires o de otros santos debajo del altar. Pero deben ser reliquias insignes por su tamaño, no partículas pequeñas; deben constar de su autenticidad (es mejor no poner reliquias que poner reliquias dudosas); hay que colocarlas debajo, no sobre el altar. “Todas la dignidad del altar, sino que ésta dignifica el sepulcro de los mártires. Porque, para honrar los cuerpos de los mártires y de otros santos y para significar que el sacrificio de los miembros tuvo principio en el sacrificio de la Cabeza, conviene edificar el altar sobre sus sepulcros o colocar sus reliquias debajo de los altares, de tal manera que “vengan luego las víctimas triunfales al lugar en que la víctima que se ofrece es Cristo; pero él sobre él altar, ya que padeció por todos, ellos bajo el altar, ya que han sido redimidos por su pasión” (San Ambrosio). Esta disposición repite, en cierta manera, la visión de Juan en el Apocalipsis: “Vi, al pie del altar, las almas de los asesinados por proclamar la palabra de Dios y por el testimonio que mantenían” (Ap. 6, 9).
Se llama relicario al recipiente, de formas diversas, pero signo y de materiales nobles, en que se guardan o se exponen al culto público estas reliquias.
Unción
Unción del altar y de las paredes de la Iglesia: por la unción del Crisma, el altar se convierte en símbolo de Cristo, que es y se llama por excelencia “el Ungido”, en efecto, el Padre por el Espíritu Santo lo ungió y lo constituyó Sumo Sacerdote, que ofreció en el altar de su cuerpo el sacrificio de su vida para la salvación de todos los hombres; la unción de la iglesia significa que se la dedica plena y perpetuamente para el culto cristiano. Se hacen doce unciones, según la tradición litúrgica, o cuatro, según las circunstancias, con las que se significa que la iglesia es una imagen de la santa ciudad de Jerusalén.
Incienso
Quemar incienso, un acto de adoración y de ofrenda (sacrificio); es símbolo de la oración que sube al cielo. Se quema incienso sobre el altar cuando se dedica y se trata de una Iglesia, toda ella se inciensa, como casa de oración, y a la asamblea como templo vivo en cada fiel es un altar espiritual. El altar cubierto por el humo del incienso que asciende recuerda el fuego que baja del cielo para consumir la ofrenda (2 Cr 7,1; 1 Re 18, 38).
El incienso se quema sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo, que allí se perpetúa, místicamente, sube a Dios como suave perfume, y para expresar que las oraciones de los fieles, propiciatorias y agradecidas, llegan hasta el trono de Dios.
La incensación de la nave de la Iglesia indica que por la dedicación se convierte en casa de oración; pero se inciensa en primer lugar al Pueblo de Dios: él es, en efecto, el templo vivo en el que cada uno de los fieles es un altar espiritual.
Revestimiento del altar
El revestimiento del altar indica que el altar cristiano es el ara del sacrificio eucarístico y la mesa del señor, alrededor de cual los sacerdotes y los fieles, en una única y misma acción, pero con diverso ministerio, celebran el Memorial de la muerte y resurrección de Cristo y comen la Cena del Señor. Por eso, el altar, como mesa del banquete sacrificial, se reviste y adorna festivamente. Así se hace patente que el altar es la Mesa del Señor a la que gozosamente llegan todos los fieles para nutrirse con el divino alimento, esto es, con el Cuerpo y la Sangre de Cristo inmolado.
Iluminación del altar
La iluminación del altar, seguida de la iluminación de la Iglesia, recuerda que Cristo es “la Luz para iluminar a las naciones”, con cuya claridad resplandece la Iglesia y por ella toda la familia humana.
Colocación de Cruces
Conviene conservar la antigua costumbre de colocar cruces de piedras o de bronce o de otra materia apta, o de esculpirlas en las columnas de la Iglesia. Por tal motivo se prepararán doce o cuatro cruces, según el número de las unciones y se distribuirán adecuadamente en las columnas de la Iglesia a una altura conveniente.
Debajo de cada cruz se colocará un pequeño soporte en el que se fijará un pequeño candelero con un cirio que se encenderá oportunamente.
Aspersión de agua
La aspersión de agua parece que estaba reservada, en la Roma del siglo VI, a la purificación de los templos transformados en Iglesias. Esto está atestiguado al menos por la correspondencia de Gregorio Magno con los monjes misioneros enviados por él a Inglaterra. Hasta entonces, sin embargo, en Roma nadie se había atrevido a transformar en iglesia un templo pagano. La aspersión lustral se practicaba en España probablemente ya a principios del siglo VI; se la encuentra en la Galia en elsiglo VII, y en Roma en el siglo VIII.
En el rito de la Dedicación de iglesias se asperjan con agua las paredes, el altar y finalmente el pueblo cristiano; siempre con esta intención bautismal, que envuelve a las personas, al edificio y a los objetos de nuestro culto. Quedando incorporado todo a la Pascua de Cristo.
Redacción de Actas
Se redactará el acta de la dedicación en dos ejemplares que serán firmados por el Obispo, el rector de la iglesia y los representantes de la comunidad local. Un ejemplar se guardará en el archivo de la diócesis y otro en el de la iglesia dedicada. Donde se coloquen reliquias, se hará un tercer ejemplar del acta que se guardará oportunamente en el cofre de las reliquias.
En las actas se mencionarán el día, mes y año de la dedicación, el nombre del Obispo que celebró el rito, del Titular y, si fuera el caso, de los Mártires o de los Santos cuyas reliquias se colocarán debajo del altar.
Además, en un lugar adecuado de la iglesia, se pondrá una placa en la que se hará mención del día, mes y año de la dedicación, del Titular de la Iglesia y del nombre del Obispo que celebró el rito.
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