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El Arzobispo Emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, disertó en la Escuela de Ciudadanía que se desarrolla cada mes en el Salón San Ignacio de la Iglesia “Jesús Nazareno”. La disertación trató sobre el tema “Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad, criterios de discernimiento para la selección de candidatos políticos”.
Texto completo de la disertación: 1.- Universalidad del mensaje evangélico. Me han solicitado una reflexión, a la luz del último documento de la Conferencia Episcopal Argentina (fechado el 14 de noviembre de 2008), como aporte “sobre los criterios de discernimiento a utilizarse para la selección de futuros candidatos en el año electoral que se inicia”. Partiremos de la convicción de fe que nos identifica como cristianos y que el documento formula en claros términos extraídos del Documento conclusivo de Aparecida (Nº 380): “Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos”. El Magisterio de la Iglesia y la ciencia teológica señalan la dimensión universal del mensaje evangélico. Su lenguaje coloquial, consagrado por el Concilio Vaticano II (1962-1965), ha mostrado la capacidad del Evangelio y su singular interés por todo el hombre y todos los hombres. Esto incluye el pensamiento que asiste filosóficamente al hombre y a los ámbitos en los que se mueve como ser social. La actividad social, en sus variadas expresiones, principalmente en la más globalizante - la acción política - abarca un espectro histórico de tal gravedad que no tolera indiferencia y exclusión de personas y sectores. 2.- Ejercer la libertad con responsabilidad. En ella se armonizan los derechos y las obligaciones. Es alarmante el desinterés por la actividad política en la población y, particularmente, entre los jóvenes. Su causa está en el descrédito que afecta hoy a la política - noble y necesario menester social - que a veces parece responder a prácticas desprovistas de metas claras y de comportamientos éticamente coherentes. El documento episcopal, que sirve de base a esta reflexión, dispone de expresiones directas e inconfundibles. Su estilo, sin dejar de ser delicado y respetuoso, es suficientemente franco como para llamar las cosas por su nombre y no dejar dudas cuando ofrece sus conclusiones. Su simple y ordenada lectura es suficiente para ofrecer una respuesta adecuada al planteo formulado inicialmente. Desde una visión sin prejuicios de la realidad podremos avanzar en una serena reflexión. La Iglesia no acostumbra a ponerse a favor de un sector ideológico y en contra de otro. Su intención no es dividir la sociedad entre buenos y malos sino proponer la Palabra de la fe a los ciudadanos, animándolos a ejercer su libertad con responsabilidad. Nadie está obligado a creer y es honesto que quien no cree confiese que no cree. De todos modos no es honesto descuidar la información correspondiente en favor de su creencia o de su no creencia. 3.- Informarse bien para elegir mejor. Para orientar - en vista a los próximos comicios electivos - a una población que ha desarrollado su capacidad de expresar sus anhelos y justos reclamos, será preciso avanzar en la formación de una conciencia que la predisponga a informarse bien para elegir mejor. Cada vez hay menos ánimo de elegir por imposiciones afectivas o lucrativas. Se necesitará cultivar la libertad para un ejercicio sabio y responsable de los propios derechos. Para que ello ocurra se requerirá asumir, humilde y decididamente, las obligaciones personales y sociales que corresponda a cada ciudadano. El documento episcopal que comentamos presenta un amplio espacio, casi completo, para tener en cuenta. Es imposible desarrollar su contenido en el breve tiempo de esta introducción. Será un atendible desafío intentarlo en próximos encuentros. Es de especial interés, en esta ocasión, presentar el perfil del candidato que debe desempeñar la función pública. En los nºs. 20 y 21 del documento que nos sirve de base existe una referencia puntual a los “nuevos liderazgos”. La consideración que acompaña dicha puntualización ofrece un acceso despejado a conclusiones realistas: “En un cambio de época, caracterizado por la carencia de nuevos estilos de liderazgo, tanto sociales y políticos, como religiosos y culturales, es bueno tener presente esa concepción del poder como servicio (nº 20). Como Iglesia, este déficit nos cuestiona. En un continente de bautizados, advertimos la notable ausencia, en el ámbito político, comunicacional y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos, con fuerte personalidad y abnegada vocación que sean coherentes en sus convicciones éticas y religiosas”. 4.- La política como expresión privilegiada del amor. El liderazgo no es para acumular poder y prevalecer sobre los otros, es para servir con humildad. La política, si es lo que debe ser, es una expresión privilegiada de la solidaridad o en términos evangélicos: de la caridad. El Evangelio, de Quien lo personaliza - Jesús - nos enseña que la autoridad es servicio humilde, y quien la ejerce es el servidor que llega a postrarse ante el más pequeño de su comunidad. Hace algunos años presenté, en una de mis reflexiones dominicales, una figura ejemplar de la política contemporánea. Había muerto el rey Balduino de Bélgica. El Arzobispo de Bruselas Manila, Cardenal Daneels, en la Misa exequial por el monarca fallecido afirmó: “Algunos reyes, más que reyes son pastores”. Jesús se atribuye el título bíblico de Pastor porque “da su vida” por el pueblo. El buen político debe amar al pueblo hasta dar su vida por él. Normalmente lo hará en el desempeño de la función que le corresponda, atendiendo los servicios más importantes de la sociedad y resolviendo sus más graves conflictos. Se desprende que su preparación en las diversas disciplinas lo capacita para un adecuado comando del poder político (como lo hemos entendido) al servicio del bien común. El documento episcopal trasciende la necesaria y reclamada capacitación para concluir en la necesidad del testimonio de vida. Transcribo su referencia: “El testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una comunidad. Necesitamos generar un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad”. (nº 22) 5.- Criterio prioritario para la acción política. Entre las virtudes imprescindibles para el desempeño de ese liderazgo, el documento señala las siguientes: “integridad moral, amplitud de miras, compromiso concreto por el bien de todos, capacidad de escucha, interés por proyectar más allá de lo inmediato, respeto a la ley… en síntesis, coherencia de vida.” (nº 22) ¿Cuáles son las razones de estas precisas puntualizaciones? La Iglesia nunca ha disimulado el criterio prioritario, deducido del Evangelio, que mueve su enseñanza y su compromiso, ya desde el tiempo apostólico: “la Dignidad de la persona humana” que, como don de Dios, es incomparable e inalienable” (nº 24). Su misión esencial incluye el servicio de esa “dignidad”, no dejando de afirmar la integralidad de la persona humana y evitando todo reduccionismo. Ese servicio nobilísimo la compromete necesariamente en toda cooperación de orden político social, con el fin de superar las graves dificultades que aquejan a la sociedad y que se manifiestan en el sinsentido de la vida, causa de la adicción a las drogas y al alcoholismo; de la violencia delincuencial, de la pereza, de la indiferencia ante el sufrimiento de los pobres, desempleados, ancianos y enfermos. Los nuevos dirigentes, especialmente si se profesan cristianos, deben atenerse a esas exigencias humanitarias y de fe. El documento magisterial que estamos comentando involucra a toda la Iglesia, particularmente a sus laicos, no sólo a los Pastores; es deber primordial de estos últimos la formación de las conciencias de quienes se profesan creyentes: el pueblo y sus dirigentes. 6.- Resolver graves contradicciones. Por ello, el mencionado documento, es considerado un “aporte” honesto en la búsqueda de todas las personas de buena voluntad deseosas de un dialogo constructivo que facilite la puesta en común de muy diversas y valiosas contribuciones. Se apoya en un diagnóstico sincero de la realidad con el fin de lograr consensos y metas comunes. Para avanzar sobre esta difícil senda se requerirá un estado de ánimo que predisponga a resolver algunas graves contradicciones expresadas “en una endémica y no resuelta deuda social” agravada por un “histórico clima de corrupción” dolorosamente confirmado por “el mal del clientelismo político, alimentado por la distribución de subsidios que no siempre llegan a los que menos tienen”; por “la marginación de los aborígenes e inmigrantes pobres”; por “la situación de jóvenes que no estudian ni trabajan”; por “la violencia y la inseguridad que afectan a toda la población”. (nº 29) 7) Alentar a los mejores ciudadanos. Es preciso alentar a numerosos ciudadanos (mujeres y hombres) que quieren, y no saben cómo, dejar la vida oculta y silenciosa de una política nueva, asistida por metas concretas y definiciones claras, que ofrezca a la población una esperanzadora y factible perspectiva. Es urgente comenzar renunciando a la enemistad afectiva e ideológica que interfiere en todo intento de diálogo como el que comprometió, hace unos años, las llamadas: “mesas del diálogo argentino”. Los dirigentes, que legítimamente se presentan para ser elegidos, y los ciudadanos, que deben ejercer responsablemente su derecho a elegir, deben estar bien preparados. Se está produciendo, con relativa celeridad, un proceso popular de toma de conciencia de la trascendencia de un acto eleccionario. Su logro final está en proporción directa con el empeño preliminar de la formación cívica. En ella están particularmente comprometidos sectores de innegable gravitación en la vida de la sociedad: la educación, en todos sus niveles; los medios de comunicación, como instrumentos imprescindibles de información y formación; los partidos políticos, como espacios propios de docencia específica; los profesionales de la justicia, de la salud y de la ciencia; los credos religiosos, particularmente la Iglesia Católica que reúne a una notable mayoría del pueblo argentino bajo su cuidado pastoral. Un pueblo libre es un pueblo éticamente preparado para discernir entre diversas opciones políticas, y sus posibles ejecutores, las que respondan mejor a la solución de los conflictos más graves de la Nación, de la Provincia o del Municipio. 8.- Estado renovado y metas prioritarias. En las actuales circunstancias nadie niega la necesidad de disponer de un “Estado activo, transparente, eficaz y eficiente” (3), para servir al bien común de las personas y de la sociedad. Un Estado que sea el garante de la educación, de la salud, de la economía, del respeto a los derechos humanos, que incluya a todos los ciudadanos. Un Estado que se empeñe seriamente en la eliminación de la violencia, de la intolerancia y de la inseguridad. Se requerirá que la base filosófica que lo sustente responda a la identidad del pueblo argentino y mantenga gran coherencia con sus tradiciones y metas de acción. El documento mencionado enumera, a partir de una observación minuciosa de la realidad y “con vistas al Bicentenario de la Nación”, nueve metas consideradas prioritarias, a saber: 1) Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas. 2) Avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo. 3) Alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables. 4) Fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad. 5) Mejorar el sistema político y la calidad de la democracia. 6) Afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de bienes. 7) Implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral. 8) Promover el federalismo. 9) Profundizar la integración en la Región. 9.- Con el fin de elaborar criterios de discernimiento. El documento de los Obispos desarrolla, con relativa extensión y buena capacidad de síntesis, las metas propuestas. Como concluyendo deseo volver al propósito de esta exposición: elaborar criterios de discernimiento al servicio de una ciudadanía que debe empeñarse en la selección de los mejores candidatos en las próximas elecciones. Quienes deben y pueden depositar su voto son conscientes del deber constitucional que los convoca y responsabiliza. Para ello será preciso recibir una información clara de las diversas plataformas políticas y de la idoneidad moral y competencia de los candidatos a concretarlas. El pasado no siempre calificó con el mejor puntaje tanto a elegidos como a electores. Todo tiempo es propicio para elevar ese puntaje, hasta un nivel de excelencia. Para lograrlo será preciso poner a disposición de todos los recursos intelectuales y morales de que nuestra sociedad dispone. La Argentina, y nuestra Provincia, mantienen un resto, a veces exageradamente oculto, cuya aparición, en este nivel dirigencial, es urgentemente reclamada por el pueblo que ha sufrido ya innumerables decepciones. 10.- Compromiso cívico y fe religiosa. La historia es “maestra de vida” y debe ser conocida para aprender de ella, incluso de sus rasgos más oscuros, y no para ponderarla demagógicamente o para vituperarla. Tiene protagonistas y responsables: todos. Las rectificaciones oportunas, los necesarios cambios que los errores y desaciertos - mediatos o inmediatos – reclaman, tienen hoy nuevos y humanos protagonistas: este pueblo y estos dirigentes. Nuestro pueblo, religioso en su mayoría o respetuoso de quienes creen, sabe reaccionar con valentía en sus momentos críticos. No está en el plan de Dios reemplazar a sus hombres y mujeres cuando deben hacerse cargo de la conducción de su propia vida social, de corregir sus errores y de restablecer los valores que han sido oportunamente formulados en sus tradiciones religiosas y culturales. La oración no es para evadirse de las propias responsabilidades sino para vigorizar el espíritu y decidir un comportamiento acorde con la misión que cada uno debe desempeñar. 11.- La coherencia de los grandes. En la historia aparecen dirigentes políticos y sociales, importantes estadistas, grandes educadores y educadoras, científicos… que alimentaron su amor a la humanidad en su entrañable fe religiosa. Algunos son venerados como santos y beatos, y otros están en vías de serlo. La fe católica declarada por una mayoría del pueblo argentino y de sus dirigentes aparece, con frecuencia, en estado embrionario. La Iglesia (su Iglesia) tiene el deber de promover y alentar su crecimiento hasta lograr la madurez correspondiente a las diversas misiones en la sociedad. Por elementales motivos de honestidad debe producirse una verdadera coherencia entre la declaración formal de fe y la vida. Difícil y necesaria relación, que constituye un permanente desafío, inexplicablemente desatendido por muchos autocalificados “cristianos”. 12.- Una gran Nación justa y solidaria. Es momento de concluir nuestra reflexión. Lo haré con las expresiones finales del documento magisterial (nº 41): “Les hemos escrito estas reflexiones con espíritu constructivo, sin dejar de interrogarnos sobre nuestras propias responsabilidades. Lo hacemos desde la fe en Jesucristo… Le pedimos - a Jesús - que los argentinos, todos juntos, podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al Continente e integrada en el mundo”. Mons. Domingo S. Castagna Arzobispo emérito de Corrientes Año 2009