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Monseñor Stanovnik

“LA VIDA ES EL PRIMER DERECHO HUMANO QUE DEBEMOS RESPETAR”

“Entre las principales tareas que tenemos como cristianos y como ciudadanos están la vida y la familia. Ambas, la vida y la familia están íntimamente relacionadas. La vida, como don de Dios y el primero de los derechos humanos que debemos respetar, desde su fecundación hasta su término natural. La familia, fundada en el matrimonio entre varón y mujer, como la célula básica de la sociedad y la primera responsable de la educación de los hijos”, dijo nuestro Arzobispo, monseñor Andres Stanovnik, a fines del pasado año en la Parroquia “Santisima Cruz de los Milagros”.

“En Aparecida, lo primero que hicimos, al tratar el tema de la vida y la familia, fue alabar a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican al ponerla al servicio de los demás; por el espíritu alegre de nuestros pueblos que aman la música, la danza, la poesía, el arte, el deporte y cultivan una firme esperanza en medio de problemas y luchas. Alabamos a Dios porque, siendo nosotros pecadores, nos mostró su amor reconciliándonos consigo por la muerte de su Hijo en la cruz. Lo alabamos porque ahora continúa derramando su amor en nosotros por el Espíritu Santo y alimentándonos con la Eucaristía, pan de vida”.

“Proclamamos con alegría el valor de la familia en América Latina y El Caribe. El Papa Benedicto XVI dijo que la familia “patrimonio de la humanidad, constituye uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Ella ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente… La familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de sus hijos”. La familia debe ser una escuela de fe para todos sus integrantes. Ella ofrece a los hijos un sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida como discípulos misioneros. Por eso, sentimos un profundo agradecimiento a Cristo que nos revela que Dios es amor y, optando por vivir en familia en medio de nosotros, la eleva a la dignidad de “Iglesia Doméstica”.

“Por eso, en Aparecida, pedimos que los legisladores, gobernantes y profesionales de la salud, conscientes de la dignidad de la vida humana y del arraigo de la familia en nuestros pueblos, la defiendan y protejan de los crímenes abominables del aborto y de la eutanasia; y recordamos que ésta es su responsabilidad. El niño que está creciendo en el seno materno y las personas que se encuentran en el ocaso de sus vidas, son un reclamo de vida digna que grita al cielo y que no puede dejar de estremecernos. Si queremos sostener un fundamento sólido e inviolable para los derechos humanos, es indispensable reconocer que la vida humana debe ser defendida siempre, desde el momento mismo de la fecundación. De otra manera, las circunstancias y conveniencias de los poderosos siempre encontrarán excusas para maltratar a las personas”.

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