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“Sí a la vida desde la concepción, como garantía de una sociedad que ama la vida, la protege y la promueve”

El 25 de marzo, la Iglesia celebra la fiesta de la Anunciación del Señor y también el Día del Niño por nacer, fecha a la que el país adhirió, en 1998. En ese contexto, vale destacar que el derecho a la vida es el primer derecho humano. En este día, como lo hace en cada uno de sus ámbitos, desde la catequesis y el magisterio mismo de la Iglesia, los católicos recuerdan particularmente su “sí a la vida desde la concepción, como garantía de una sociedad que ama la vida, la protege y la promueve”.
La Anunciación del Señor, nos recuerda que “nadie tiene derecho a suprimirla en ningún estadio de su evolución. Una sociedad logra la paz cuando ama la vida en todas sus expresiones y se hace violenta cuando la agrede y, peor aún, cuando mata”.
El decreto que establece el 25 de marzo como Día del Niño por Nacer, señala que “el niño, tanto antes como después del nacimiento. "Para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión", como lo señala la Convención sobre los Derechos del Niño, lo que incluye un especial cuidado de su salud tanto psíquica como física”.
A modo de premisa, afirma el texto que “la vida, el mayor de los dones, tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible”; y que este “derecho a la vida no es una cuestión de ideología, ni de religión, sino una emanación de la naturaleza humana”.
La Comisión Arquidiocesana de Pastoral Familiar, difunde en este día de plena celebración de la vida, el siguiente comunicado:

25 de Marzo: Solemnidad de la Anunciación del Señor y Jornada del Niño por Nacer
En ocasión de la Encarnación del Señor Jesús en el vientre de la SSma. Virgen, se celebra en nuestro país la Jornada del Niño por Nacer, oportunidad para volver nuestra mirada a aquellos pequeños integrantes de nuestra familia que viven en el seno materno.
En efecto, llegada “la plenitud de los tiempos” el Señor quiso asumir nuestra condición humana y darle a la vida un valor sagrado. Desde ese momento, María aprendió a contemplar a su Hijo cuando siendo todavía un Niño por nacer, estaba oculto a sus ojos, fue concebido en su vientre virginal, lo amó y lo defendió de amenazas reales. Ella es símbolo de la vida naciente de cada ser humano que es, como nos lo recordaba el siervo de Dios Juan Pablo II: “único e irrepetible, alguien eternamente ideado y eternamente elegido, alguien denominado y amado por su propio nombre”; por ende nadie tiene derecho a suprimirla en ningún estadio de su evolución.
En estos tiempos que corren, donde la sociedad ha crecido en la conciencia del respeto a los Derechos Humanos, no debemos olvidar que el primer y fundamental Derecho Humano es el derecho a la vida, por lo cual más allá de toda convicción religiosa todos deberíamos vernos obligados a respetar y defender la vida naciente del concebido hasta su muerte natural, amenazada en nuestro tiempo por hechos y políticas abominables, como el aborto legalizado, la anticoncepción artificial promovida masivamente como política de salud reproductiva; como así también la eutanasia o muerte dulce que son “terribles crímenes contra la dignidad del hombre y de toda la humanidad” (Juan Pablo II) y otros atentados a la vida como la violencia creciente y la inseguridad.
No debemos olvidar que una sociedad logra la paz cuando ama la vida en toda su expresión y se hace violenta cuando la agrede y peor aun, cuando mata.
Que María, Mujer fiel al don de Dios y amante de la vida, nos obtenga la gracia necesaria para amar y defender a todo Niño por Nacer.


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