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 Monseñor Castagna presidió la misa por el Bicentenario de los país de América, en adhesión a la celebración que realizó el Santa Padre, en San pedro

 

 El pasado lunes, a las 20, en la Catedral, el Arzobispo Emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, presidió la santa misa que concelebraron los sacerdotes del clero, en adhesión a la eucaristía que oficiaba el Santo Padre, en la Basílica de San Pedro, por el Bicentenario de los países de Latinoamérica.
En la primera parte de su mensaje, monseñor Castagna, señaló que “jóvenes países del Continente latinoamericano están celebrando el bicentenario de sus independencias. Entre ellos, el nuestro”. Por ello, “el Santo Padre Benedicto XVI “acogió, con vivo beneplácito” la iniciativa de celebrar, en esta histórica ocasión, la Santa Misa. Lo hizo hoy, en la Basílica de San Pedro, con pocas horas de diferencia de nuestro actual horario. La liturgia escogida es propicia, 12 de diciembre, Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, “Patrona de América Latina, pedagoga de la enculturación de la fe, madre y protectora de sus pueblos” (Comisión Pontificia para America Latina)”.
“El Episcopado Argentino ha decidido que los Obispos del país lo hicieran en sus propias catedrales, estableciendo un vínculo de comunión eclesial con el gesto solidario del Santo Padre. La flamante presidencia de la Conferencia Episcopal ha solicitado a Monseñor Andrés Stanovnik que nos represente en la concelebración mencionada. Por ese motivo el mismo Señor Arzobispo me ha encomendado presidir esta Eucaristía”.

A continuación, el texto completo de su homilía:
María, Madre de los nuevos pueblos
“En la persona del Papa, y desde el centro espiritual del catolicismo, la Iglesia ora por nuestra Latinoamérica, “Continente de la esperanza” y baluarte de una nueva evangelización del mundo. ¡Qué presente está María en él, desde su nacimiento y en el transcurso de su accidentado desarrollo! No es coincidencia que esta celebración se cumpla en la Fiesta de Nuestra Señora De Guadalupe, Patrona de América. La tierna historia de sus apariciones al humilde indio San Juan Diego, reviste un significado de particular trascendencia. A pocos años de iniciarse la evangelización de América Latina que es, en casi su totalidad, hispanoparlante y católica, se produce esta extraordinaria manifestación de la Virgen, Madre de Dios y Madre de los pueblos. Todo en ella: sus rasgos de aborigen, los signos de su manto y su estado de simbólica gravidez, indican que se constituye, como prolongada adopción de su maternidad universal, en Madre legítima de estos nuevos pueblos”.
Argentina, pueblo cristiano y mariano
“La República Argentina es un pueblo más de esta América visitada por la Virgen y, como tal, muy cercano a su maternal Corazón. Lo hemos podido confirmar en los acontecimientos principales de nuestra historia y en lugares diversos de nuestra enorme geografía: Luján, Iratí, el Valle de Catamarca, San Nicolás… Es la misma Madre de Dios y nuestra que se manifestó a Juan Diego y lo sigue haciendo a centenares de miles de peregrinos de la fe que se acercan a sus Santuarios. La oración de la Iglesia, presidida por el Papa Benedicto XVI desde Roma, llega a todos los rincones del mundo. La Iglesia Catedral de Corrientes expresa su adhesión y comunión en esta celebración eucarística. María realiza su obra materna si le ofrecemos nuestra vida como el Apóstol Juan le ofreció su casa. Latinoamérica, desde Guadalupe a Luján, manifiesta su acendrado fervor mariano y, de esa manera, proyecta su verdadera identidad en el mundo”.

Nueva etapa histórica
“Es una grave responsabilidad que no podremos eludir, desde posiciones neo ideológicas, cediendo a un cierto progresismo negador de los valores tradicionales de la fe. Este momento universal de oración es más evangelizador que las más inteligentes campañas proselitistas. La Iglesia orante participa del poder intercesor de su Maestro y Señor. El Papa convoca a la oración por el mundo, sabiendo lo que es más necesario para quienes pertenecen y se alojan en él. María de Guadalupe es una respuesta de Dios al presente y futuro de un Continente joven que intenta expresar su peculiar gozo al recibir el Evangelio como don. En las rutas del peregrinaje hacia los Santuarios de la Virgen se vuelcan centenares de miles de jóvenes. Constituyen el signo del Continente Latinoamericano, joven, a veces desorientado por las promesas engañosas de los falsos profetas, pero, provisto de la humildad requerida para escribir su verdadera historia y superar viejos errores. El propósito del Papa es orar, con toda la Iglesia, para que los pueblos latinoamericanos cumplan el bicentenario de su independencia con el vigor joven de otra etapa histórica, más fiel a sus orígenes, que incluya un auténtico progreso hacia la vivencia de sus valores tradicionales, siempre válidos e irrenunciables”.

Pueblos cristianos, marianos y cultores de un legítimo ecumenismo
“Lo cristiano y lo plural constituyen expresiones esenciales e inseparables de su genio original. Cuando, desde ángulos extraños a su identidad, se intenta la supresión de lo cristiano, sobreviene una dolorosa y trágica desintegración. Los pueblos latinoamericanos - el nuestro lo es - son cristianos y marianos; predispuestos al diálogo ecuménico y al fraterno vínculo con quienes son diferentes. Ello equivale al rechazo espontáneo de toda intolerancia, de donde viniere. María de Guadalupe, en el tierno ejercicio de su maternidad, se constituye en pedagoga de estos jóvenes pueblos. El Evangelio, predicado por la Iglesia, es la norma, la fuente inagotable de los valores que los rigen, a saber: la defensa de la vida, desde la concepción hasta muerte natural, de los derechos humanos, de las instituciones naturales como el matrimonio - sólo integrable por un varón y una mujer - abierto a la transmisión de la vida y a la formación de una auténtica familia. Orar por nuestros pueblos es orar por sus gobernantes, sus legisladores, maestros, científicos y artistas. Que cumplan su deber jurado y custodien la integridad de sus pueblos que, en su inmensa mayoría, creen en Cristo y aman a la Virgen”.

“Por lo tanto, oremos con el Papa Benedicto XVI y la Iglesia toda. La Eucaristía crea comunión entre los creyentes y hace posible la unidad del pueblo, tan amenazada hoy por el egoísmo y la intolerancia. La intercesión de la Iglesia orante atrae la gracia del Espíritu y contribuye eficazmente a resolver las cuestiones causantes de la violencia y de la inseguridad. Oremos por quienes, responsables del presente, se empeñan en proyectar un futuro auténticamente superador.
¡María de Guadalupe, Patrona de América Latina, ruega por nosotros!”

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