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 Mensaje de Navidad de los Obispos de la Provincia de Corrientes

 

 ... ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús (cf. Mt 1,25).
1. Una mamá con su niño, y el papá acompañándolos, es una escena sencilla y frecuente, donde florece el misterio de la vida y nos emociona. Una escena así, tan profundamente humana, contemplamos en la Navidad; pero, con tal profundidad de mensaje y significado que nos maravilla. En efecto, nos dice la Palabra de Dios “Ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús (cf. Mt 1,25). Ella es la Virgen María que dio a luz un hijo; él es José, quien le puso el nombre de Jesús”. El texto de la Escritura continúa diciendo: “porque El salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera el anuncio del Señor que dice: Miren que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emanuel, que traducido significa: Dios con nosotros”.

Ante tal acontecimiento, la creación entera, los ángeles y los hombres se estremecen de felicidad… “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres amados por Él” (Lc 2,14). Todo desborda paz y alegría al darnos cuenta que ya no estamos solos en el universo; que el hombre no es un “puñado” de energía que se desvanece; que cada persona humana es única y valiosa para el Padre Celestial, quien nos manifiesta su amor enviándonos a su Hijo, el Emanuel, “Dios con nosotros”.

2. Por eso, toda la verdad y la belleza de la Navidad se concentran en el Niño recién nacido: a él lo contemplan la madre y el padre, el pueblo de pastores y los sabios de oriente, los poderosos como Herodes y los humildes como Simeón y Ana… La diferencia que determina las miradas de unos y otros está en la fe.

Con los ojos y el corazón de la Virgen María, lo contemplamos nosotros y confesamos nuestra fe:

Este Niño es el Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, que por nosotros, los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre. El nació, murió y resucitó por nosotros. Él es el centro de la historia y del universo, al mismo tiempo nuestro hermano. Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza, Pastor de nuestras almas, que camina con nosotros y nos guía al encuentro definitivo con Dios.

3. Es asombroso y casi increíble: en Jesús, “el Verbo hecho carne”, toda vida humana es vida abrazada por Dios: es vida rescatada, perdonada, amada por él. Así lo vivieron María y José, entregados por entero al servicio de la vida del hijo. Ella lo concibe y lo da a luz, él le pone el nombre; juntos se hacen cargo de la nueva vida.

La familia es el lugar humano del amor que recibe el don de la vida, donde se reconoce su verdadera dignidad y se colabora en su crecimiento. Ese lugar humano lo constituyen el varón y la mujer, abiertos a Dios. Él hace posible el milagro de la vida y nos hace dignos de participar activamente para que ese milagro suceda.

Con ustedes, hombres y mujeres de Corrientes, tierra bendecida por Dios con el Evangelio de la vida y de la familia, nosotros, sus Obispos, compartimos la alegría y la esperanza por la reciente declaración de nuestra provincia a favor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Declaración que fue precedida por pronunciamientos de las Cámaras de Diputados y Senadores. A esta iniciativa se fueron sumando numerosas comunas y continúan sumándose otras muchas más.

4. Nos encomendamos confiados a los brazos de nuestra Tierna Madre de Itatí, con la firme convicción de que el presente y futuro de nuestro pueblo depende del cuidado, respeto y amor que pongamos todos y cada uno por la vida humana y la familia. Son necesarias políticas de estado y actitudes personales, que favorezcan efectivamente a nuestras familias, como espacio vital donde la vida humana se acoja, proteja y desarrolle.

Con estas convicciones y sentimientos, les deseamos los dones de la alegría y de la paz en esta Navidad. Esa paz y alegría que brotan del encuentro con Jesús, con su perdón y con su amistad. El encuentro con el Niño Jesús nos compromete a cuidar y a respetar la vida en todas sus etapas y expresiones. ¡Que nuestro compromiso sea siempre a favor de la vida!

Dios, que ama la vida, les conceda un Año Nuevo fecundo en toda clase de palabras y obras buenas. Que reavive en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades la “fe que obra por medio del amor” (Gal 5,6).

Reciban nuestro abrazo y bendición.

Corrientes, 21 de diciembre de 2011

Monseñor Andrés Stanovnik - Arzobispo de Corrientes
Monseñor Ricardo Oscar Faifer - Obispo de Goya
Monseñor Hugo Santiago - Obispo de Santo Tomé


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