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 Tiempo propicio para renovar el camino de fe, personal y comunitario.

 

 Nuestro Arzobispo, monseñor Andrés Stanovnik, presidió la santa misa del Miércoles de Ceniza en la iglesia Catedral. Recordó que la Cuaresma, es un tiempo propicio para la reflexión, que nos permita renovar nuestra fe, personal y comunitaria.
Reflexionando sobre el evangelio del día, alertó sobre el peligro de “buscar el reconocimiento de la gente y no la recompensa de Dios”; y aseguró que lo que el Señor quiere de nosotros, es “la conversión del corazón”. Refiriéndose a las tradiciones de la Iglesia para el tiempo de Cuaresma, destacó que “el ayuno y la caridad, son prácticas que Jesús recomienda, pero deben hacerse con recta intención”
Monseñor, hizo alusión al llamado que hace el Papa al convocar el Año de la Fe, cuya apertura solemne se realizará el próximo mes de octubre, asegurando que nos pide “una auténtica y renovada conversión al Señor”, que “nos busca movido de amor y nos habla como amigos”.
El Arzobispo se refirió también al “boom de la espiritualidad”, que lleva a los hombres al “divague interior”, donde “no hay lugar para un verdadero encuentro, sino sólo para sentimientos autocomplacientes”. En cambio, aseguró que “la verdadera espiritualidad brota de un encuentro y no de un programa. Ésa es la gran novedad del mensaje cristiano: Dios en Jesús, movido de amor, decide encontrarse con el hombre”.
En otro párrafo de su mensaje, consideró “crucial para la vida del hombre”, y también para la sociedad, que “no se desfigure o se pierda el verdadero sentido de Dios. No da lo mismo creer en un Dios personal, cercano y amigo del hombre, como el que se revela en Jesús y conocemos a través de la Escritura y de la vida de la Iglesia”. Recordó que “en todas las épocas el ser humano fue tentado a fabricarse ídolos y, como en otros tiempos, también hoy les sacrifica todo”. Existe también, una “dinámica perversa que los mueve es esclavizar y someter, desquiciar al hombre de su libertad y engañarlo con ilusiones, sensaciones pasajeras y falsas seguridades”. Así, el hombre es presa del pecado, que “se muestra brillante y encantador, se parece a la luz, pero en realidad es un “agujero negro” que lo devora todo y reclama que se le someta la totalidad de la propia existencia”.
Monseñor Stanovnik, alertó sobre la “alarmante realidad se refleja, por ejemplo, en la letra de numerosas canciones que cantan nuestros jóvenes y que el mundo adulto escucha complaciente: en esos versos se exalta el mal, se aplaude la violencia, se idolatra la transgresión, se festeja la anarquía, se hacen bromas con el drama de la adicción. Es un fenómeno que debería preocuparnos y hacernos pensar”.
Dijo que “deberíamos preguntarnos qué señales estamos dando como sociedad en temas fundamentales como es el respeto por el otro; la práctica de la justicia y la transparencia en la gestión pública; la real prioridad que se le debe dar a la educación; la atención humana y profesional que requiere la persona del enfermo en nuestros hospitales; el trato que le damos a los detenidos en nuestras cárceles y a sus familiares; el cumplimiento de las normas de convivencia ciudadana”, entre otras realidades.
En este sentido, también las comunidades religiosas deben revisar, “a la luz de la verdad que es Jesucristo, la coherencia de las palabras con nuestras acciones para no obrar contra de lo que predicamos. Si el mundo que ofrecemos los adultos a las nuevas generaciones, recibe la respuesta que leemos en muchas de sus canciones, es para preocuparnos en serio. Todos, sin excepción, pero con mayor responsabilidad los que ejercemos funciones de autoridad en la comunidad, sea en el ámbito civil o religioso, estamos llamados a un profundo cambio de nuestra mente y de nuestra conducta”.
En particular, afirmó el Arzobispo, “el tiempo de cuaresma es un fuerte llamado a una sincera conversión para los que creemos en Jesús y sentimos un gran amor por su Madre la Virgen María. Sabemos que no podemos cambiar confiados sólo en nuestras fuerzas humanas. Por eso, hoy queremos poner toda nuestra confianza en el Amor de Dios”.
Monseñor explicó que “el mandato “conviértete y cree en el Evangelio”, que se pronuncia al colocar la ceniza en la frente, “nos interpela a cooperar con el Amor de Dios y estar dispuestos a hacer el bien y evitar el mal. Hoy hay que reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119, 68)”.

Texto completo de la homilía pronunciada por el Arozbispo en esta página, "Última Homilía".

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