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UNA TRADICIÓN DE 64 AÑOS

 Los laicos acercaron su saludo de Pascua al Arzobispo

 

 Como lo hacen desde hace 64 años, los laicos, muchos de ellos pertenciencientes a distintos movimientos e instituciones de la Iglesia, llevaron su salud de Pascua al Arzobispo de Corrientes. Monseñor Andrés Stanovnik, además de desearle puedan sentir la alegría que como familia se experimenta por la resurrección del Jesús, recordó que la fe no puede ni debe estar disociada de la razón.
En representación de los grupos eclesiales, representantes de la Junta de Laicos, del Instituto Cardenal Pironio, de la Escuela de Ciudadanía y de la Junta Arquidiocesana de Educación Católica, dieron cálidas palabras al Arzobispo, deseándole una Feliz pascua y comprometiendo su oración permanente por su tarea pastoral.
La nota de color, de gracia y de la inocencia propia del encuentro, lo dieron los niños aspirantes de la Acción Católica Argentina, que está celebrando sus 80 años en el país. Con sus remeras identificatorias, carteles y banderas, también llevaron a monseñor Stanovnik su saludo y un presente. Pertenecían a los grupos de las comunidades de San Pío X, Sagrado Corazón de Jesús, San Roque y Nuestra Señora de Guadalupe.
Al iniciar sus palabras, el Arzobispo destacó la presencia de los más pequeños, que son la expresión de una Iglesia permanentemente renovada, y también hizo referencia, a la presencia de Emilio Kairúz, un destacado referente católico, dirigente durante muchos años del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, que es uno de los iniciadores de este ya tradicional saludo pascual. Son dos reflejos diferentes y complementarios de la vida de la Iglesia, señaló el Pastor.
Monseñor Stanovnik, destacó que la fiesta de la Pascua es importante, porque “nosotros vivimos, con la palabra en mayúscula, porque Jesús resucitó. Esa es la vida verdadera, la que recibimos en el bautismo y esa es la que nos mantiene permanentemente en la alegría. Cuando perdemos la alegría es porque esa vida comienza a desdibujarse, a perder intensidad. La tristeza es señal de que esa vida se va perdiendo por algo”.
“Lo que nos alegra, con esa alegría que no pasa aun en medio de las adversidades, es la que nos regala Jesús resucitado”.
En otro párrafo de su mensaje, al hacer referencia a las distintas expresiones con las que se conmemoraron las celebraciones de Semana Santa, señaló el Arzobispo que se realizan con “la fe que sentimos desde el corazón”.
Luego, destacó que “el corazón y la razón cuando miran en beneficio del ser humano, se encuentran, no se enfrentan. La fe no esta enfrentada con el conocimiento y la razón, cuando ambas se colocan a favor de la vida del ser humano”.
“Nuestra fe, no es una fe solo del corazón, es también de la cabeza, es también del conocimiento. El acontecimiento de la resurrección es un acontecimiento de la fe, pero no va en contra de la razón, va más allá. No es irracional pensar que Jesucristo resucitó, supera el conocimiento, supera la razón, la abre a una dimensión superior”.
“Cuando el conociendo se aparta de ese horizonte que abre la razón, se vuelve sobre si misma”.
“Es muy importante comprender que la religión nunca puede ir en contra de la ciencia, ni la ciencia en contra de la religión. Cuando esto sucede, se equivocan las dos, porque Dios creo en el hombre tanto el conocimiento como el don de la fe”.
“Sino buscamos caminos que se encuentren, el ser humano se divide, se fragmenta. Así como se fragmenta el ser humano como individuo, también se fragmenta la comunidad cuando determinado pensamientos se enfrentan con la fe o cuando la fe, se vuelve dogmática, el fanatismo de la fe se enfrenta con la razón, pero esto es una carencia, una deficiencia de la fe, los mismo suicide cuando el conocimiento se enfrenta con la religión”.
“Necesitamos a partir de la experiencia de la resurrección, que es nuestra vida, buscar caminos para encontrarnos los seres humanos”.
“Debemos descubrir en el rostro del otro a un hermano, para construir a favor de la vida”.
“Si no tenemos bien, belleza, justicia y solidaridad, nuestra vida se derrumba”.
“No sólo un edificio construido al margen de la verdad puede derrumbarse, si nuestra convivencia no la construimos sobre la base de la vida, la belleza; se derrumba, sin buenos sentimientos, sin buenos fundamentos. Para nosotros, la base y fundamento es Jesús resucitado”.

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