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Oración por la santificación de los sacerdotes, el aumento y la perseverancia de las vocaciones

 

 La Conferencia Episcopal Argentina invita a rezar la Novena de Pastoral Vocacional por la santificación de los sacerdotes, el aumento y la perseverancia de las vocaciones sacerdotales.
Esta invitación, surge con motivo de la memoria de san Juan MarÍa Vianney y en recuerdo del testimonio sacerdotal de José Gabriel del Rosario Brochero.

El Santo cura de Ars
San Juan Bautista María Vianney nació en Dardilly, el 8 de mayo de 1786. El Santo Cura de Ars, fue proclamado patrono de los sacerdotes católicos, especialmente de los párrocos. Falleció en Ars-sur-Formans, el 4 de agosto de 1859.
El 3 de octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado venerable por Pío IX y beatificado el 8 de enero de 1905. El papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial. En 1925, el papa Pío XI lo canonizó. Su fiesta se celebra el 4 de agosto.
El papa Juan XXIII escribe en 1959 la Encíclica Sacerdotii nostri primordia, en la cual realza, en el centenario de la muerte del Santo, las virtudes primordiales de todo sacerdote: el sacerdocio, la oración, la eucaristía y el celo apostólico.
Cincuenta años más tarde, el papa Benedicto XVI proclamó un año completo conmemorando los 150 años de san Juan María: del 19 de junio de 2009 al 11 de junio de 2010. Nombrado patrono de todos los sacerdotes católicos, este año fue llamado el Año sacerdotal.

Cura Brochero
El Venerable Siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero nació en los aledaños de Santa Rosa de Río Primero (Córdoba, Argentina) el 16 de marzo de 1840. Era el cuarto de 10 hermanos, que vivían de las tareas rurales de su padre. Creció en el seno de una familia de profunda vida cristiana. Ingresó al Colegio Seminario Nuestra Señora de Loreto el 5 de marzo de 1856 y fue ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1866.
El 26 de enero de 1914, en su lecho de muerte partió para la casa del Padre mientras decía, apretando el crucifijo entre sus manos: 'Yo me fío de la Misericordia de Dios'. 'Cristo lavó mis pecados en su sangre...'.
Esto es lo que siempre recordaba en su corazón cuando pensaba en Cristo. Por eso decía a
sus paisanos haciéndoles mirar la cruz de la Capilla de la Casa de Ejercicios: 'En la cruz está nuestra salud y nuestra vida... la fortaleza del corazón, el gozo del espíritu... la esperanza del cielo... ¿Tendremos valor para mirar al Salvador sin conmovernos y sin resolvernos a seguirlo, aunque sea caminando por el medio de la amargura, y aunque sea derramando nuestra sangre gota a gota hasta exhalar el alma?'. (Plática sobre la última Cena de Jesús).



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