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 Para Monseñor, los derechos de los niños a la vida y a la identidad biológica son fundamentales

 

Durante su homilía de la misa al finalizar al XXVI Peregrinación de los Trabajadores a San Cayetano, el Arzobispo hizo mención al Día del Niño, y habló de sus derechos, entre ellos, a la vida, a tener "una mamá y un papá", y a la identidad, legal y biológica. Aseguró que ellos son "los privilegiados de la familia", por quienes los padres hacen "todos los esfuerzos".
"Me gustaría que recordemos que hay derechos de los niños que son inalienables, que no se pueden tocar. Algunos fundamentales, como el derecho a la vida. Todo niño tiene derecho a la vida", señaló Monseñor.
Luego, dijo que "el derecho a tener un padre y una madre, que se los tenemos que asegurar nosotros, la comunidad, la sociedad, a través de su legislación tiene, que asegurar que todo niño disfrute el derecho que tiene a un padre y a una madre, a él y a ella", haciendo alusión a la firme postura de la Iglesia del matrimonio entre varón y mujer y los reparos a las adopciones de parejas del mismo sexo.
También, Stanovnik, dijo que el niño "tiene derecho a su identidad, tiene derecho a saber de dónde viene; no sólo el derecho civil o legislativo, sino también biológico. Tienen que saber biológicamente quién es su mamá y su papá, no se lo puede conculcar ninguna ley ni ningún decreto".
"Es fundamental el derecho que tiene el niño a ser educado, en todos los aspectos, en el trato con los demás, a socializarlo en la familia, a ir a la escuela; a ser educado en la fe. Es falso aquello que algunos piensan "que el día de mañana que él elija la fe que quiera practicar", sino tiene nada adentro, nada va a elegir", para el Arzobispo, "pensar así, significa que la fe que está viviendo la mamá y el papá no vale para ser transmitida a los hijos, si es un bien, se lo debemos transmitir", finalizó el Pastor.

En la familia se aprende a decir “gracias”
Monseñor Stanovnik reivindicó el rol de la familia en el desarrollo de las personas y de la sociedad. Aseguró que “es el lugar donde se aprenden las virtudes, por ejemplo, a decir gracias”.
Dijo a los “papás, a los docentes, a los funcionarios, que muchos de nuestros chicos no aprenden a decir gracias, lo pueden comprobar las maestras en la escuela. No les enseñamos a decir gracias o permiso. Sino lo aprende en la familia o en la escuela, no lo va a aprender en la calle. Va a ser una persona desagradecida, y una persona desagradecida es una persona agresiva y violenta porque se siente con derecho a todo”.
Mencionó el Arzobispo, que “todos estamos llamados a reconocer los dones que Dios nos dio para poder ponerlos a disposición de los demás y valorar los dones de los demás”.

Fuente: El Litoral

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