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18 de agosto de 2012

 Centenario de la erección de la Parroquia “El Señor Hallado” Empedrado


 + Mons. Domingo S. Castagna
Arzobispo Emérito de Corrientes


   
Hoy celebramos el Centenario de la erección canónica de esta querida Parroquia de “El Señor Hallado”. He leído la relación de la Visita Pastoral del primer Obispo de Corrientes, Mons. Luis María Niella, en cuyo transcurso - el 18 de agosto de 1912 - se produjo la bendición del templo y la inauguración de la parroquia. Es admirable esa cuidadosa y pormenorizada crónica. En las expresiones del Pastor aparece como un sueño a realizar. Han pasado cien años. Es una gran ocasión para preguntarnos: ¿Aquel sueño del Pastor es hoy una realidad? Es preciso hacer memoria, confirmar su cumplimiento, extraer sus enseñanzas y pedir perdón por sus falencias. Nuestra vida personal, familiar e institucional no es una marcha triunfal, aunque pueda señalar éxitos y logros, más bien es una marcha penitencial. Así es la historia humana, de la que la Iglesia forma parte. Más aún, el Evangelio que anuncia y celebra la Iglesia de Cristo, orienta penitencialmente esa historia hacia su cumplimiento en el Reino de los Cielos. El tesoro de gracia que contienen sus arcas, se pone al servicio exclusivo de la conversión y santificación de los hombres.

Hace cien años, la atención del Obispo Niella se detuvo particularmente en las actividades esenciales de la

parroquia que iniciaba, la hoy centenaria historia, regida por el sacerdote designado párroco: la catequesis, la liturgia, la atención de los pobres y campesinos. Para el noble pueblo correntino, presente en Empedrado, era aquel más que un día de fiesta. Constituía una etapa de vida iluminada por la Palabra de Dios y, por ende, signada por la fe. Pueblo, ya perteneciente a la Iglesia Católica por el Bautismo de la mayoría, que por el ministerio apostólico, en la persona del Obispo y del párroco, sería acompañado a la santidad. ¡Cuántos ya están saboreando los frutos eternos de la obediencia al Evangelio! Hombres, mujeres, sacerdotes, religiosos y religiosas… los inolvidables antepasados, que hoy (así lo anhelamos de corazón) están alojados cómodamente en el Corazón misericordioso de Dios.

Este pueblo de Empedrado es un rico heredero de los bienes espirituales y culturales cuidadosamente reservados por quienes ya no están. Se inicia el segundo centenario. Ustedes, pueblo que peregrina, alentados por quienes peregrinaron antes, han recibido la misión de perfeccionar la vida de fe que recibieron. Otro es el momento histórico, otras las circunstancias, otros los interrogantes y las dramáticas búsquedas de la felicidad. Han aprendido, de quienes ya han transpuesto el umbral del tiempo a la eternidad, que la auténtica felicidad es el resultado del amor a Dios y a los hermanos. En la escala evangélica de las preferencias están los que sufren la pobreza injusta, la discriminación, llamada civilmente “exclusión”. Jesús y la Iglesia - que predica y celebra en su Nombre - no dejan de optar por los pobres y pecadores, por los enfermos y atribulados. Esta es la herencia recibida; es el bien que es preciso aumentar en esta nueva etapa centenaria.

Para ello es preciso aprovechar esos bienes, depositados por Dios en la parroquia (como Iglesia Santa de Dios) y que ustedes heredaron de sus fieles antepasados. Me refiero a la Palabra de Dios, predicada y aprendida en la catequesis; a la Liturgia de los Sacramentos, de manera primordial el de la Penitencia y la Eucaristía; a la oración y a la práctica de las devociones más populares: a María Virgen, Madre de Dios y nuestra, y a los Santos. Como fruto y síntesis de esos bienes, que la fe permite descubrir, se produce la práctica del amor fraterno o de la caridad. El mundo, contemporáneo, pone obstáculos muy graves a la fe heredada. Es un “mundo” que se nos mete dentro y se mezcla hábilmente en los espacios más sagrados. El antídoto a su influencia negativa está constituido por los bienes mencionados y que es preciso enriquecer con el propio aporte de humildad y generosidad.

La celebración del Centenario reclama un nuevo compromiso. La Parroquia debe constituir, para la población de Empedrado y de los pueblos colindantes, pertenecientes a su jurisdicción, un centro de espiritualidad cristiana. Así lo deseamos y suplicamos en esta Eucaristía. Que la Cruz del Señor Hallado oriente la vida cristiana de este pueblo de Corrientes y María de Itatí continúe su magnífica acción pedagógica y materna.

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