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5 de agosto de 2012

 Fiesta de San Luis, Rey de Francia

+Mons. Domingo S. Castagna
Arzobispo Emérito de Corrientes

 1.- Las virtudes cristianas, vividas heroicamente por los Santos, adquieren su síntesis perfecta en la caridad. San Luis llevó el nuevo precepto de Jesús hasta el extremo. Lo hizo como todo buen cristiano, en las múltiples obras de caridad que emprendió, pero, especialmente en el ejercicio de su responsabilidad de gobierno. Esa era su misión principal, en la que debía resplandecer la virtud de la caridad - amor a Dios y a sus gobernados - al modo de Jesús. En el Santoral de la Iglesia Católica aparecen varios gobernantes santos. Hace pocos años falleció un rey muy virtuoso: Balduino de Bélgica. En sus exequias, el Arzobispo de Bruselas-Manila, afirmó enfáticamente: “Algunos reyes, más que reyes son Pastores”. El Pastor, ejemplarizado por Jesús, el Buen Pastor que da su vida por las ovejas, sabe que debe dar su vida por quienes tiene que conducir (o gobernar). Los reyes santos gobernaron a sus súbditos, dando sus vidas por ellos.

2.- En el ejercicio heroico de la caridad se genera la santidad que admiramos y veneramos. Se comprueba, en todos ellos, que la oración y los sacramentos constituyen los nutrientes de la caridad que los anima. San Luis era un hombre de mucha oración, a pesar del poco tiempo que sus graves ocupaciones le dejaban. Dicen que el amor crea sus expresiones o formas de manifestarse. Son distintas como las personas, sus condiciones de vida y las misiones que les corresponden. Para que la caridad sea la fuente de su vitalidad, Dios debe ser el centro de su constante atención. El método se diferenciará: Vida monacal, ministerio pastoral activo, vida familiar y conyugal, ciencia, arte, educación, ejercicios de la justicia, ejercicio de la política etc.

3.- Los santos nos enseñan a ser fieles a la gracia santificante, sea cual fuere el camino que debamos recorrer. Nada de lo que legítimamente el hombre deba asumir queda fuera del camino de la santidad. El Santo Patrono de una comunidad de la Iglesia, como es la parroquia, intercede ante Dios y, al mismo tiempo se constituye en modelo de vida cristiana de todos los miembros de la misma. El Evangelio que corresponde a la fiesta del santo Rey, según San Mateo, se refiere precisamente al primer mandamiento y al segundo, semejante al primero. San Luis manifiesta su amor a Dios, amando a sus súbditos como Cristo los ama: poniéndose a los pies de los más humildes o entendiendo el gobierno como un servicio abnegado y generoso hasta dar la vida. Quizás, como Iglesia, no tengamos que gobernar por quienes tienen que hacerlo. Nos corresponde urgirlos, si son cristianos, a amar a Dios y, desde Dios, amar a los gobernados como el Buen Pastor ama a las ovejas “hasta dar la vida”.

4.- Que el Santo haga, de la parroquia a su cuidado intercesor, una comunidad de hermanos que ofrezca a la sociedad, maltrecha por el odio y la delincuencia, un proyecto nuevo de solidaridad y de servicio. Lo necesitamos.

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