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SABADO SANTO

Día del silencio: velamos junto al sepulcro

Durante el Sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en oración y ayuno su resurrección).

Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Callan las campanas y los instrumentos. Se ensaya el aleluya, pero en voz baja. Es día para profundizar. Para contemplar. El altar está despojado. El sagrario, abierto y vacío.



Vigilia

Jesús resucitó, abriendo nuestros corazones a la esperanza ya que su amor fue m{as fuerte que la muerte. Es lo que celebramos en este día, el más importante del año.

El silencio tenso del sábado nos hace intuir “que algo ha de pasar”, que Dios no puede quedarse mudo ante los hechos que finalizaron en la cruz. La acción comunitaria se hace celebración en la llamada “Vigilia Pascual”.

Del Misterio celebrado en esta noche surge toda la vida cristiana, brota el manantial de la gracia para todos los hombres. Esta noche pertenece especialmente al Señor.

Los cuatro momentos más importantes son:

* Liturgia de la Luz: tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, el fuego simboliza la presencia luminosa de Dios, nos recuerda la intensidad de su amor. El fuego es calor, es fuerza y es vida. Por eso, cuando el sacerdote bendice el fuego nuevo al comienzo de esta liturgia, pide al Señor que estas fiestas nos enciendan en el amor de Dios para poder llegar a la pascua con un corazón renovado.

* Liturgia de la Palabra: para que comprendamos mejor la Pascua del Señor, la Iglesia nos propone recorrer los puntos salientes de la Historia de la Salvación a través de las lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento. Así la luz de la Palabra se une a la luz de luz. Y recordamos la salvación de nuestros hermanos mayores en la fe, admiramos su paso del Mar Rojo y su peregrinar a la Tierra prometida, gesta que culmina con el Paso de Cristo de la muerte a la vida y de la que participamos cada uno de nosotros, gracias al bautismo.

* Liturgia Bautismal: Antiguamente, la vigilia era la noche santa en que se bautizaba a quienes querían ser cristianos. En este momento de la celebración oramos con la letanía de los Santos, se bendice el Agua y renovamos las promesas de nuestro bautismo: en ellas renunciamos a todo lo que nos aleja de Dios, y afirmamos nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en la Iglesia, de la que somos parte viva. Así, recordamos que el Bautismo no es simplemente una anécdota linda, sino un sacramento que nos compromete con Jesús y los hermanos. Con Él, Dios nos hizo hijos suyos y nos marcó un camino de vida para siempre. El sacerdote rocía a toda la asamblea con el agua bendita y se da comienzo a la

* Liturgia de la Eucaristía: volvemos a rezar el Gloria y a cantar el Aleluya antes del Evangelio, cosa que no hacíamos desde el comienzo de la Cuaresma. Vuelven el color blanco, las flores en el altar, la música. Porque todo es alegría al comenzar el Domingo de Pascua. Valía la pena vivir el dolor de la Semana Santa: Cristo ha dejado vacío el sepulcro. Y así, con su victoria renovada, Jesús nos invita a resucitar con Él. Más todavía: nos invita a vivir como resucitados, trabajando por el pleno reinado de su amor ente los hombres.

Subsidio sobre cómo vivir el Sábado Santo en: http://www.arzcorrientes.com.ar/videos/2009-04-03-63426.pdf  


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