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Comunicado de monseñor Stanovnik sobre la renuncia de Benedicto XVI
A los Sacerdotes, Diáconos, Consagrados, y a todos los Fieles de la Arquidiócesis de Corrientes:
La noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI para continuar ejerciendo su ministerio petrino nos tomó de sorpresa a todos. Su decisión, como he escuchado decir a varios, produce en nosotros una sensación rara, en la que se mezclan, por una parte, sentimientos de consternación, de tristeza y de orfandad, como sucede cuando perdemos una persona que ha sido un referente importante en nuestra vida, por ejemplo, nuestro papá. Esta renuncia suscita inevitablemente preguntas que nos inquietan como por ejemplo: cuáles podrían haber sido los verdaderos motivos de la renuncia, qué pasará ahora, o quién será el próximo papa. En fin, el impacto que produjo esta inesperada decisión del Santo Padre ha provocado una generalizada conmoción. Ante ello, y haciendo un esfuerzo en sobreponernos a la emotividad del momento, conviene conocer qué dice la legislación de la Iglesia en estos casos, cuáles fueron los motivos principales que expuso el Papa Benedicto XVI en la declaración de su renuncia y, finalmente, cómo debemos responder nosotros ante estos acontecimientos.
El Papa Benedicto XVI había anticipado su posible renuncia en la entrevista que fue publicada en el libro Luz del Mundo. Allí el Santo Padre dijo textualmente que “Cuando un Papa alcanza la clara conciencia de que ya no es física, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo su encargo, entonces tiene en algunas circunstancias el derecho, y hasta el deber, de dimitir". Por otro lado, en la Constitución conciliar Christus Dominus se explica que “Siendo el ministerio pastoral de los obispos de tanta trascendencia y responsabilidad, los obispos diocesanos y los que en derecho se les equiparan, si por la edad avanzada o por otra causa grave se hacen menos aptos para el cumplimiento de su cargo, se les ruega encarecidamente que, o bien ellos espontáneamente o invitados por la autoridad competente, presenten la renuncia de su cargo”. También la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, aprobada por Juan Pablo II, contempla la renuncia del Papa. En consecuencia, la renuncia que acaba de hacer el Obispo de Roma, actualmente Benedicto XVI, está en perfecta concordancia con las normas de la Iglesia. Sin embargo, aun cuando la legislación de la Iglesia es clara al respecto, al no tener una referencia histórica cercana sobre una renuncia de esta magnitud, es comprensible que el impacto emotivo que experimentamos sea mucho más intenso. El último registro de una renuncia papal data del siglo XV.
El motivo que adujo el Santo Padre para presentar su renuncia fue, según sus propias palabras, el siguiente: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino (…) vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”. El Papa finaliza su declaración agradeciendo “de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos (…) Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria”. A través de sus palabras se transparenta un gran amor a la Iglesia, plena conciencia y libertad del acto que realiza, y una total confianza en Dios. Por su luminosa trayectoria, que aun siendo relativamente breve en el tiempo, sabemos que Benedicto XVI es un hombre profundamente arraigado en Dios y por consiguiente dispuesto a aceptar hasta las últimas consecuencias su voluntad: ha examinado su decisión ante Dios, y ha visto que esa es su voluntad, como lo ha hecho de un modo ejemplar en todas la situaciones difíciles que le tocó enfrentar durante su pontificado.
Benedicto XVI bebe de la misma fuente que su predecesor el beato Juan Pablo II: del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Con Él ambos aprendieron a hacer la voluntad del Padre y llevarla hasta el final por caminos diferentes, pero semejantes en grandeza espiritual y humildad evangélica. En el Año de la fe, damos gracias a Dios por hombres de fe tan extraordinarios que nos ha dado para gobernar la Iglesia. Es digno de destacarse, además, la claridad, profundidad y sentido pastoral de la enseñanza de Benedicto XVI, y su extraordinario sentido de humanidad que se hacía explícito en el amor sincero y universal que transmitía por todos los hombres, sin ninguna distinción. Acompañemos con nuestro profundo afecto y, sobre todo, con nuestra oración, las últimas semanas del esplendente pontificado de nuestro querido Papa Benedicto XVI. A los sacerdotes y a todos los que presiden diversos momentos de oración, les ruego que coloquen expresamente la intención de orar para que el Espíritu Santo ilumine a su Iglesia y le dé un Papa según el corazón de Dios en el próximo cónclave.
Mientras los encomiendo a la tierna protección de María de Itatí, los abrazo y bendigo.
Corrientes 11 de febrero de 2013
Mons. Andrés Stanovnik OFMCap.
Arzobispo de Corrientes
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