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 Reflexión sobre este tiempo especial de Sede Vacante y elección del nuevo Papa

 

Los análisis políticos, sociales o fenomenológicos si es que estamos en condiciones de llamarlos así, con respecto a la vida de la Iglesia, alcanzan un punto que no se puede atravesar solamente desde esas perspectivas. Estos días próximos al inicio del Cónclave que elegirá al próximo sucesor de Pedro, se pueden sentir o leer una multitud de especulaciones, algunas con cierto atino, y que son parte real de la condición humana y social de la Institución, otras por el contrario ponen todo bajo el manto de la sospecha y de la duda.
Todos nos encontramos en estos momentos rodeados de las mismas noticias, los que vivimos de modo inmediato en Roma y los otros más lejanos.
Pero tenemos algo que nos permite profundizar la mirada sobre lo que está aconteciendo. La renuncia de Benedicto XVI, que nos ha sorprendido a todos, y aun en estos momentos estamos contemplativos ante semejante gesto, ha dejado una estela inequívoca para ver la realidad de estos días.
Recuerdo el jueves 28, en medio de la multitud de las personas que se acercaron a la Plaza San Pedro, había una mujer ya entrada en años, con la cabeza cubierta por un humilde pañuelo, que doblada sobre sus rodillas rezaba con un rosario en mano. Nunca la vimos levantar la mirada, solo rezaba, mientras se sentía sobre la Plaza el helicóptero que llevaba al Papa. La emoción nos embargó a todos, ella seguía allí incólume rezando de rodillas.
Un día antes, el miércoles de la última Audiencia General de Benedicto XVI, nos quedábamos una vez más impactados por las palabras del mismo. He aquí que cito de modo textual lo que ha dicho: «Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años acepté asumir el ministerio petrino, tuve esta firme certeza que siempre me ha acompañado: la certeza de la vida de la Iglesia por la Palabra de Dios. En aquel momento, como ya he expresado varias veces, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: Señor, ¿por qué me pides esto y qué me pides? Es un peso grande el que pones en mis hombros, pero si Tú me lo pides, por tu palabra echaré las redes, seguro de que Tú me guiarás, también con todas mis debilidades».
A partir de esto me preguntaba yo mismo, ¿ha contestado el Señor a su pregunta aquel momento? La respuesta es NO. No, parece que el Santo Padre manifieste que respuesta ha tenido en ese momento
Pero inmediatamente agrega: «Y ocho años después puedo decir que el Señor realmente me ha guiado, ha estado cerca de mí, he podido percibir cotidianamente su presencia».
Estas dos cosas están unidas por algo que pertenece a nuestra condición humana, de la cual misteriosamente podemos renegar por no querer comprenderla, la FE.
La anciana rezando y la certeza de Benedicto en la presencia del Señor, nos muestran el rayo que atraviesa de modo inconfundible las pobres miradas humanas sobre esta realidad. Nos sentimos serenos y con una certeza que no se mide en planos meramente analizables, sino en certezas que atraviesan la razón y los afectos, eso es la fe. Porque al mirar en perspectiva, vemos de modo incontestable esa presencia de Dios, que no deja la historia, no deja nuestra vida a la zozobra. Es aquí donde se da el salto cualitativo para comprender todo esto que vivimos en modo directo estos días. Las geniales palabras del Papa nos recordaban además otra cosa: «el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce... Ésta ha sido y es una certeza que nada puede empañar…». A pocos días del inicio del Cónclave, esta es la luz con la que miramos la realidad, lejos está de ser una mirada ingenua, al contrario, es llena de claridad y de certeza. Los mecanismos son estrictamente de uso humano, la fuerza, la verdad, la razón de ser de esto, tal cual lo experimentamos aquí en el corazón de la Iglesia, y unidos a todos los creyentes del mundo solo está en el Señor que ha prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos.

P. FERNANDO ROMERO.
Actualmente, el padre está estudiando en Roma.


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