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BENEDICTO XVI

“Franciscanos, sigan embelleciendo el rostro de la Iglesia

Ciudad del Vaticano, 21 Abr. 09 (AICA)"Como Francisco, comiencen siempre por ustedes mismos. Si son capaces de renovarse en el espíritu del Evangelio, seguirán ayudando a los pastores de la Iglesia a embellecer cada vez más su rostro de esposa de Cristo. Esto es lo que el Papa, hoy como en sus orígenes, espera de ustedes", les dijo Benedicto XVI al recibir el sábado pasado en Castelgandolfo a 3.000 miembros de la Familia Franciscana que participaron en Asís en el "Capítulo de las esteras", para conmemorar el origen de la Orden franciscana y el 8º centenario de la aprobación de la "proto-regla" de San Francisco por el papa Inocencio III.

“La docena de frailes que siguió a Francisco de Asís -dijo el Papa-, pasó a ser a lo largo de los siglos "una multitud diseminada en todos los lugares del mundo. Como pastor de toda la Iglesia quiero agradecerles el don precioso que son para el pueblo cristiano. Del arroyo que brotó en las faldas del Monte Subasio se formó un gran río que ofreció un aporte notable a la difusión universal del Evangelio".

“Francisco -prosiguió el pontífice-, "experimentó la potencia de la gracia divina y se sintió muerto y resucitado. Todas sus riquezas anteriores, cualquier motivo de orgullo y seguridad, todo pasa a ser una ‘pérdida’ a partir del momento del encuentro con Jesús crucificado y resucitado. Dejar todo se vuelve casi necesario para expresar la abundancia del don recibido".

Resumiendo el motivo del encuentro franciscano titulado "El Evangelio como regla de vida", Benedicto XVI subrayó que San Francisco "se comprendió a sí mismo enteramente a la luz del Evangelio. Ese es su atractivo y su perenne actualidad. El ‘Poverello’ se transformó en evangelio viviente capaz de llevar a Cristo a hombres y mujeres de todas las épocas, sobre todo los jóvenes que prefieren lo radical a las medias tintas. El obispo de Asís, Guido, y después el papa Inocencio III, reconocieron en el propósito de Francisco y de sus compañeros la autenticidad evangélica e impulsaron su decisión con la perspectiva del bien de la Iglesia".

“Sin embargo -observó el Santo Padre-, Francisco habría podido también no ir a ver al Papa. En su época se formaban muchos grupos y movimientos religiosos entre los cuales algunos se contraponían a la Iglesia como institución o, por lo menos, no buscaban su aprobación. Seguramente una actitud polémica hacia la jerarquía habría dado a Francisco no pocos seguidores. En cambio, él pensó enseguida en poner su camino y el de sus seguidores en las manos del obispo de Roma, el sucesor de Pedro. Esto revela su auténtico espíritu eclesial. El pequeño "nosotros" que empezó con sus primeros frailes lo concibió desde el principio dentro del gran "nosotros" de la Iglesia una y universal".

"Fue esto lo que el Papa apreció y reconoció, porque él también habría podido no aprobar el proyecto de vida de Francisco. Más aún, podemos imaginar que entre los colaboradores de Inocencio III algunos se lo hayan aconsejado, quizá temiendo que aquel grupo de frailes fuera semejante a otras agregaciones heréticas y pauperistas de la época. En cambio el romano pontífice, bien informado por el obispo de Asís y por el cardenal Giovanni di San Paolo, supo discernir la iniciativa del Espíritu Santo y aceptó, bendijo y alentó a la naciente comunidad de los "frailes menores".

"¡Han pasado ocho siglos y hoy ustedes han querido renovar el gesto del fundador!", exclamó el Papa. "Todos ustedes son hijos y herederos de aquellos orígenes. Como Francisco y Clara de Asís vuelvan a empezar siempre desde Cristo para ver su rostro en los hermanos que sufren y llevar a todos su paz. Sean testigos de la belleza de Dios, que Francisco cantó contemplando las maravillas de la creación".

"¡Vasan y sigan ‘arreglando la casa’ del Señor Jesucristo, su Iglesia!", los exhortó Benedicto XVI recordando que el terremoto de los Abruzos destruyó muchas iglesias, aunque "hay otra ‘ruina’ que es mucho más grave: la de las personas y las comunidades".

"Como Francisco, comiencen siempre por ustedes mismos. Si son capaces de renovarse en el espíritu del Evangelio, seguirán ayudando a los pastores de la Iglesia a embellecer cada vez más su rostro de esposa de Cristo. Esto es lo que el Papa, hoy como en sus orígenes, espera de ustedes", concluyó.


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