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MONSEÑOR PEDRO DIONISIO TIBILETTI

El único Obispo Auxiliar que tuvo Corrientes hasta la fecha

El 14 de mayo de 1945 fallecía Monseñor Pedro Dionisio Tibiletti, primer Obispo de San Luis. En efecto, en septiembre de 1934 el Papa Pío XI lo nombra Obispo de la recién creada Diócesis de San Luis, asumiendo en febrero del año siguiente. Por diez años pastorea la nueva Diócesis con entrega, y muchos sacrificios debido a la gran pobreza reinante en su territorio.

Pedro Dionisio Tibiletti nace el 9 de octubre de 1887 en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. El 3 de julio de 1910, año de la creación del Obispado de Corrientes, es ordenado sacerdote.

El 25 de enero de 1929, visto la solicitud del Obispo Niella, el Papa Pío XI lo nombra Obispo Auxiliar de Corrientes. El Nuncio Apostólico, Monseñor Filippo Cortesi, le confiere la ordenación episcopal el 23 de junio. El 4 de agosto de ese mismo año 1929 asume el cargo de Obispo Auxiliar y de Vicario General de la Diócesis, cargos que ejerce hasta la muerte de Monseñor Luis María Niella acaecida el 30 de noviembre de 1933.


Por cuatro años, entonces, Monseñor Tibiletti, ejerce el ministerio como Obispo Auxiliar de Corrientes. A su llegada Monseñor Niella ya se encuentra con problemas de salud. Sobre ello, Tibiletti cuenta que el diocesano, dada su edad, poco o nada recordaba de los asuntos pasados. El ministerio del Auxiliar es oportuno y necesario. La prensa y los memoriosos alaban su calidez humana y el respeto afectuoso hacia el anciano Obispo Niella.

Según el mismo Tibiletti, la Diócesis de Corrientes, en ese entonces, tendría unos seiscientos mil habitantes. El territorio abarca toda la provincia de Corrientes y el Territorio Nacional de Misiones. Recorre prácticamente todo el ámbito diocesano en Visita Pastoral.

Son muy interesantes las anotaciones que realiza sobre la visita pastoral al Territorio de Misiones. Sale del puerto de Corrientes en compañía de un sacerdote religioso, que oficia de secretario, el viernes 30 de octubre de 1931. Viajan hasta Posadas en un barco llamado Iguazú; y desde allí, con el Iberá hasta el Puerto de Lahagarre, cerca de Montecarlo. El sacerdote de Eldorado, organizador del recorrido, se suma. Cuenta que en esa localidad practican equitación; el único medio de transporte lo constituye la mula. Visitan San Pedro. Continuando el viaje se detienen en Tobuna, paraje conformado por brasileños que habían huido de una revolución. El 13 llegan a Campiñas. El 14 de noviembre se detienen en Barracón (hoy Bernardo de Irigoyen), población de unos 700 habitantes en ese entonces. El 20 del mismo mes, en la misa de despedida, el Obispo reparte estampas de la Virgen de Itatí. Y continúa visitando otros pequeños poblados y parajes.

Tibiletti menciona permanentemente en sus anotaciones el intenso e insoportable calor de aquellos días; y las lluvias que, intermitentes, caen continuamente sobre el suelo misionero. Y lo que significa de esfuerzo e incomodidad el trasladar los bultos y maletas. Caminos no existen, sólo picadas. La marcha en mula es lenta ya que estas no se prestan a galopar. Los viajeros duermen en ranchos, algunos sin techo; el fuego encendido toda la noche. Mateadas por las mañanas; cerros que subir y bajar. Muchos, muchos mosquitos. El aseo y baño, en los arroyos. Allí llegan el sábado 6 por la tarde. Se quedan hasta el miércoles 11. Durante esos días hay tormentas e intensos fríos con escarchas. El Obispo Tibiletti queda impresionado por la cantidad de loros, por el hecho de que contadas casas son de material; la mayoría, de maderas. Queda impresionado por el aislamiento; no se encuentra ningún radio receptor. Le llama la atención que como bienvenida y despedida hagan muchos disparos de armas.

Con el recuerdo de la visita pastoral a Misiones que realizara Monseñor Tibiletti deseamos reflexionar sobre nuestra vocación de discípulos misioneros. Como vemos, dificultades de todo tipo a la hora de misionar siempre existieron. Haciendo memoria de la empresa espiritual de este Obispo tomamos conciencia de que, confiando en la Gracia, podemos vivir el mandato misionero. (Colaboración: padre Ramón Billordo)

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