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La Iglesia reconoce el bautismo de otras confesiones cristianas

La Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones, que preside monseñor Carlos Humberto Malfa, obispo de Chascomús, presentó hoy una guía pastoral sobre “El sacramento del Bautismo en las relaciones de la Iglesia Católica con las demás iglesias y comunidades eclesiales”, al que definió como un paso en el camino hacia “la comunión real, aunque imperfecta o incompleta” con los cristianos.

El prelado explicó que se reconoce como “único” y “válido” el Bautismo realizado mediante la administración o inmersión en agua con la forma trinitaria Padre, Hijo y Espíritu Santo, y subrayó que el Bautismo es “imborrable e indeleble” y fundamento del “compromiso ecuménico de la Iglesia”.

Monseñor Malfa consideró que la guía es necesaria para los agentes de pastoral, porque ordena en forma sistemática los elementos teológicos, pastorales y disciplinarios de la fe de la Iglesia sobre este sacramento vital.

“Dada la fragmentación religiosa de los cristianos, no siempre es posible dar una respuesta inmediata para certificar la validez de un Bautismo, por eso este subsidio es un aporte enriquecedor para un discernimiento iluminado de esos interrogantes”, subrayó.

El obispo recordó que muchos papas a lo largo de la historia de la Iglesia aconsejaron que no es conveniente “rebautizar”, e insistió en la necesidad de “avanzar en la reciprocidad en el reconocimiento mutuo del sacramento del Bautismo”, como el suscripto por la Iglesia católica en la Argentina con la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y la Iglesia Evangélica Luterana Unida.

En tanto, monseñor Gustavo Help, obispo de Venado Tuerto y miembro de la Comisión Episcopal, destacó que “las ansias de unidad en el espíritu se llevan en el corazón” y advirtió que “sin unidad no hay vida” y es necesario “conducir la comunión en el encuentro con Dios”:

“Hay que clarificar las ideas para que la comunión sea verdadera y profunda”, subrayó. A lo que monseñor Malfa acotó: “Hay que priorizar el ecumenismo espiritual, es decir, descubrir que el acercamiento a Cristo nos acerca a los hermanos”, mientras que el presbítero Fernando Giannetti, secretario ejecutivo de la Comisión, sostuvo que el objetivo en el camino ecuménico es “buscar lo que nos une y no lo que nos separa”.

Monseñor Malfa negó que este reconocimiento del Bautismo pueda ser interpretado como “proselitismo” por parte de la Iglesia católica, porque como dijo Juan Pablo II la misión evangelizadora apunta a “proponer la fe y no a imponerla”. No obstante, aclaró que “no se puede oponer el ecumenismo al mandato evangelizador y misionero”. (Fuente: AICA)



Subsidio ¿Un solo Bautismo?

El subsidio, en cuanto a los contenidos, no presenta ninguna novedad. Todo ha sido ya presentado en algún documento de la Iglesia: el Concilio Vaticano II, el Código de Derecho Canónico, el Catecismo de la Iglesia Católica, el Directorio Ecuménico. ¿Cuál es entonces el sentido de haberlo elaborado y publicado?

Nada más y nada menos que reunir, del modo más pedagógico posible, el contenido de todos esos documentos, en lo que se refiere al bautismo y sus implicaciones, teniendo en cuenta especialmente la vida cotidiana de nuestras diócesis y parroquias. ¿Por qué? Porque el bautismo, según la enseñanza de la Iglesia, con toda claridad a partir del Concilio, establece un vínculo de comunión sacramental entre todos los cristianos. Por el único bautismo, a pesar de nuestras divisiones, somos hermanos y hermanas en Cristo. Esa realidad se debe reconocer y honrar, y es el punto de partida del empeño ecuménico. Es importante que la Iglesia católica, en su integridad, ofrezca un testimonio coherente. ¿De qué modo puede ayudar este subsidio?

En primer lugar, como instrumento de formación de todos los fieles, más aún de aquellos que tienen una responsabilidad pastoral.

En segundo lugar, sería óptimo que este texto, presentando la enseñanza y la disciplina vigente de la Iglesia católica, alentara a alguna de nuestras iglesias diocesanas a dar pasos concretos hacia un reconocimiento recíproco del bautismo con las iglesias y comunidades eclesiales presentes en su región. Un paso semejante ofrecería referentes claros para todos. Sin duda que esto puede comprometer, y es aún tarea en parte pendiente, a teólogos –en cuanto a la iluminación-, y a la jerarquía –en cuanto a decisiones concretas-, pero esto no ahorra el resto de los cristianos una parte de responsabilidad. ¿Cuál por ejemplo?

Esto es lo que viene en tercer lugar, que en la vida cotidiana de nuestras parroquias y comunidades no se niegue en la práctica cotidiana aquello que la Iglesia sostiene en su enseñanza y ha regulado, de algún modo, a nivel de la disciplina.

Si leemos el subsidio en su totalidad y en el orden de presentación, podremos ser más conscientes de que si hay alguna respuesta que puede iluminar un caso concreto que se nos ha presentado –“¿este bautismo es válido?”-, a esa respuesta se llega a través de una fundamentación teológica, que la Iglesia se ha encargado de fundar y explicitar. No hay norma disciplinar que busque expresar, a su modo, una afirmación doctrinal. El mayor conocimiento de la fundamentación nos ofrecerá los elementos que quizá necesitemos cuando la respuesta no esté escrita y, por eso mismo, sea necesario realizar un discernimiento pastoral in situ. (Fuente: Prensa CEA)

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