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MONSEÑOR DOMINGO CASTAGNA

Aniversario de su designación como Arzobispo de Corrientes

Quince años atrás monseñor Domingo Salvador Castagna era designado Arzobispo de Corrientes por Su Santidad Juan Pablo II. Dos meses después, el 26 de agosto de 1994, dejó su querida Diócesis de San Nicolás –que pastoreó durante 10 años- para llegar al siguiente día a tierra correntina.

Ni bien llegado a Corrientes monseñor Castagna se sintió como en su casa, tal es así que aún hoy –siendo Arzobispo Emérito- no se aleja de los amigos que aquí supo cosechar, ni de los sacerdotes que supo guiar y ordenar, ni de los laicos que continúan a su lado buscando su iluminación y consejo.

Monseñor Castagna recorrió la Arquidiócesis incansablemente, especialmente en los primeros años con sus Visitas Pastorales, estuvo presente en las Fiestas Patronales de las comunidades, atendió en audiencia a numerosas personas, fue director espiritual de quienes se lo solicitaban. Cada santa Misa celebrada por él era una oportunidad certera de crecimiento espiritual a la luz de sus palabras, y todos los domingos los correntinos esperaban sus alocuciones, en las que plasmaba la línea espiritual de la Iglesia en Corrientes. Desde este lugar clarificó las situaciones que se vivían en la provincia, con el Evangelio como fuente inagotable.

Su pastoreo fue eminentemente de servicio, servicio al pueblo correntino para su crecimiento espiritual. Esto lo dijo claramente el mismo día en que asumió al frente de la Diócesis “me encuentro con un pueblo de fe. No me resta más que servir a esa fe desde un ministerio que es absolutamente necesario para que siga siendo camino a Dios. La fe que encuentro ha llegado al bautismo de la mayoría y se expresa en la oración simple y confiada, en la reconciliación y en la Eucaristía”.


Hacia el Centenario

La Iglesia particular de Corrientes se encuentra camino al Centenario, en este trayecto es imprescindible recordar, revivir y revalorizar los momentos pasados. Monseñor Castagna hace década y media, en el momento de la inauguración de su servicio pastoral en esta tierra, resaltó la larga vida de la Diócesis “me encuentro ante una Iglesia que ha acumulado vida durante gran parte de este siglo y que, hundiendo sus raíces en la primera evangelización de nuestro Continente, ha desarrollado con ritmo de sus propias épocas, la predicación de la Palabra, la celebración de los Sacramentos y la asunción progresiva de su responsabilidad evangelizadora. Me tocará sumarme a los obreros apostólicos que me han precedido y confiar, como ellos, en el poder de la gracia y en la capacidad evangélica de sus hermanos bautizados. Caminaremos hacia delante, prosiguiendo lo que se ha hecho y colmando los surcos abiertos con semillas nuevas del mismo Evangelio”.


Bajo un manto celeste

En reiteradas oportunidades, Castagna habló de su agradecimiento a María y de su profunda devoción mariana. Monseñor arribaba a Corrientes después de una década en San Nicolás, donde la Virgen se ha manifestado de una manera particular. Él fue testigo del crecimiento de la devoción del pueblo argentino a Nuestra Señora del Rosario y fue quien acompaño y guió este fervor, ayudando al discernimiento y a su consolidación eclesial.

“Quiero confesarles mi asombro por la tierna predilección de la Virgen, nuestra Madre. Vengo de una tierra mariana, de las márgenes del mismo Paraná que riega esta tierra mariana. Nuestra Señora de Itatí y María del Rosario de San Nicolás son dos nombres de la misma Madre de Cristo y de los hombres. Una de extensa tradición y la otra de reciente comienzo. Me gozo en su protección que ahora me ha atraído misteriosamente aquí, entre ustedes. Ella es la Estrella de la evangelización, la excelente maestra de nuestra vida cristiana. Pongo en sus manos suaves y firmes el ministerio que ahora comienzo y la Iglesia de Cristo como está en Corrientes y en San Nicolás”, dijo monseñor al iniciar su ministerio en Corrientes.

Monseñor Castagna estuvo al frente de la Diócesis 13 años. Ahora, descansado de las responsabilidades del gobierno pastoral, dedica su tiempo a la oración, la escritura –una de sus pasiones, por lo que ha publicado numerosos libros-, la guía espiritual de laicos, sacerdotes y consagrados, y la predica de retiros

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